Camino al mito: “Chile, un país Solidario”

De la Descentralización a la Solidaridad

¿Qué es la solidaridad? O más específico ¿Qué sería la solidaridad vista a un nivel social?

Intento definir: Es la cualidad de que en una comunidad todos sus miembros puedan acceder a todas las “capacidades” y “cualidades” disponibles entre ellos. Y que ese acceso se ejecute  mediante la relación de confianza existente entre los miembros de la comunidad.

Ofrezco un “Círculo Virtuoso” que podría no solo llevarnos a, sino también permitirnos ver con algo de claridad, ese fenómeno que por estos días hace eco en todo el país: la solidaridad. Este camino encadena siete conceptos que de por sí ya tienen un elevado valor, pero que al relacionarse, parecen fortalecerse unos a otros; llegando a relatar el lado positivo de las vivencias surgidas tras la madrugada del pasado 27 de Febrero.

La circularidad que relaciona estos conceptos es sólo una idea gráfica. Como ya mencioné, veo que la relación entre ellos es compleja y tienden a fortalecerse unos con otros. Por lo que no habría un orden necesario en su cumplimiento; quizá sí uno ideal que pudiera guiar su desarrollo en políticas sociales.

(1) Descentralización, distribuye poder y responsabilidad. Es responsabilizar a otros entregando capacidad de decisión. Asumir que si pretendo hacerlo todo ‘yo’ fracasaré, es un acto de humildad, el reconocimiento al límite de mis fuerzas y la entrega a otros de lo que yo no puedo cargar. Es empoderar, compartir el poder, evitar el autoritarismo. Quien decide en terreno no solo se informa sino que también vive las consecuencias de sus decisiones. Quien decide desde el centro puede encontrarse muy lejos de las consecuencias de sus decisiones.
(2) Autosuficiencia, –no confundir con soledad– es ser activo en la propia existencia. Es el que hace, no es el que espera -pidiendo-. No es enfrentar la vida aislado, es no estar atado por la dependencia a otros. Quién en última instancia depende de otros solo puede esperar. Quien ha recibido –o no ha olvidado– la capacidad de decidir es independiente a la vez que en relación con otros. Se debe ser capaz de decidir, de tener acceso a los recursos; y de responsabilizarse por ello.
(3) Participación, es coordinar acciones, hablamos de una colectividad que puede establecer el contacto entre sus miembros. Permite el surgimiento de redes de comunicación, del llamado y búsqueda a los espacios públicos de participación; sin restricciones. Pero esto requiere de una actitud activa, la participación no se da en la impavidez sino que surge de la actividad.
(4) Pertenencia, hace surgir una identidad. Tener un lugar, lugar que me es propio por el rol que desempeño en él, porque yo hago una diferencia al estar ahí; diferencia que se realiza desde mi participación, no desde mi indiferencia –la abstención se provoca justamente por sentir que “mi voto” no hace ninguna diferencia, que mi desempeño no afecta al resultado-.
(5) Comunidad, es compartir una situación de bienestar –o solo de ‘estar’-. Al ser “parte de” se provoca un interés por nuestra situación. Hace surgir un “nosotros” más allá del “yo”. ‘Nosotros’ que solo se puede lograr al adquirir un sentido de pertenencia; ver que otros desempeñan una labor que hace una diferencia en mi vida. Al vernos afectados por lo que le sucede a la comunidad, a cualquiera de sus miembros, entendemos que todo miembro de la comunidad es en sí mismo ‘Comunidad’, ‘Mi/Nuestra Comunidad’, ‘Yo Comunidad’.
(6) Cohesión, es confiar en mi comunidad. Saber que para toda situación cuento con el respaldo de mi comunidad; así como yo la respaldo a ella. Que mi dedicación por otros es la misma que recibo de ellos. Es la tranquilidad de contar con una certeza sobre el actuar de otros; y del mío por otros. No puedo hablar de cohesión sobre mí mismo, sino solo de aislamiento, de marginación. Solo dentro de una comunidad puede darse cohesión –incluso dentro de una comunidad de marginados-.
(7) Solidaridad, es entregar lo que eres y lo que tienes. Significa que el nivel de cohesión permite el ‘acceso’ de todos los miembros de la comunidad a todos los recursos de la comunidad; incluso el acceso a las responsabilidades y la toma de decisiones. Saber que no puedo pretender hacerlo todo yo solo –o desde el centro– es saber que necesito, sin distinción, a todos los demás. Es un ‘convivir’, hacer vida unidos. Es vivir conjugado en nosotros.

Muchas organizaciones se formaron, o redirigieron sus esfuerzos, para enfrentar las consecuencias del terremoto.

Concentrándome en los aspectos más positivos de lo que hemos vivimos en el post terremoto, por unos días –por unos momentos-, es posible que hayamos llegado a ‘hacer vida unidos’ –a ser solidarios-. Vimos, o quizá vivimos, como una amplia mayoría de la población se mantenía informada de lo que sucedía, preocupada, comunicada, de mil formas: radio –a pilas en el inicio-, televisión –si había electricidad-, teléfonos y celulares –cuando lograban conectar-, periódicos, páginas y herramientas web, mensajería instantánea de todo tipo, y las cada vez más difundidas “redes sociales”-en donde Twitter y Facebook concentraron nuestros clicks-.

Pero era más que estar informado, se llegó a asumir, en muchas ocasiones, la responsabilidad de hacer algo frente a la catástrofe, la responsabilidad de ayudar. Se buscaban y difundían las formas de ayudar, a los canales oficiales de ayuda se sumaban instancias paralelas o más desagregadas que colaboraban informalmente en la misma dirección. A los esfuerzos de las autoridades se sumaban esfuerzos institucionales y hasta particulares, todos se movían. Pocos esperaban a que les vinieran a tocar la puerta, muchos iban a tocarlas y les abrían, o hacían un llamado y otros acudían, convocatorias y asistencias fluían en todo medio de comunicación, todas las redes sociales parecían moverse en un mismo sentido, todo el que acudía era bien recibido; y si en algún lugar estaba lleno se buscaba otro, abundaba la oportunidad para quien la buscará. Todos eran necesarios “¡Chile nos necesita!” “¡Vamos chilenos!”.

Nos hicimos sentir “chilenos” por sobre todas las cosas, se elevó el patriotismo. Y empezó la Teletón de emergencia, pero esta vez ella no era el centro de la campaña –como lo suele ser en sus versiones anuales-, era solo un aspecto de la movilización general que se había desatado. Saltaron las frases como “¡Sabemos que vamos a llegar a la meta!” “¡Sabemos que Chile va a responder!” Seguros de lo que somos capaces de hacer unidos por Chile, y de lo que somos capaces los chilenos, “Nos vamos a poner de pie”. Una oportunidad de comprobar quienes somos. Compartimos materialmente, en dinero y múltiples especies que se necesitaban –como dije, además de llevar dinero al banco había que llevar comida a la iglesia y ropa a los colegios, materiales de construcción a los municipios, se necesitaba de todo-, pero también nos movilizamos, muchos estuvieron ahí, muchos fueron a participar como voluntarios –algunos andan de voluntarios aún hoy-. Parece que sí fuimos solidarios. Vivimos la utopía de unos días.

¿Saben con que coincidió con eso? Con que la lógica económica para gran parte de estos aspectos se desvaneció. Ese mundo en que la competencia de los intereses privados de los actores debería llevarnos al mejor escenario común de reveló absurda. Y nos dedicamos mejor a que el interés de todos fuera la necesidad otros, o el bienestar de todos. Justamente los que intentaron lucrar a costa de otros; de todos, de nosotros, de mí; esta vez fueron señalados con asco. Lo que primó, por lo menos en el discurso, fue la necesidad colectiva, la distribución equitativa, y la colaboración desinteresada. No son los sistemas sociales, o las formas de gobierno, los que hacen la justicia en cualquier sociedad, son las personas. Cualquier forma de gobernar no garantiza por sí misma el bienestar de sus ciudadanos. Abusos y miseria se han visto en todos los modelos de sociedad que han visto la luz. Reitero: No es el modelo, Son las personas.

Acepto que esta ha sido una situación que da esperanzas. Si podemos hacerlo, ser solidarios, aunque sea unos días, quizá podamos aprender a extenderlo. Si no supiéramos hacerlo… ya estaríamos casi condenados.

Para decir que somos solidarios –e insisto que esta vez se hizo mucho más que en la Teletón tradicional, en donde yo no alcanzo a ver solidaridad sino un asistencialismo exaltado. Asistencialismo que es el principal responsable de haber creado casi una identidad entre solidaridad y ayuda, o entre solidaridad y caridad, para el ideario chileno. Identidad que nos hace esperar las catástrofes, que nos hace esperar que alguien necesite “ayuda”, y ojalá de forma dramática, para movilizar nuestra adormecida solidaridad– necesitamos que esto no sea un caso tan exageradamente excepcional como en estos días lo ha sido. Ser solidarios por una semana –y contando… en algunos casos– cada 25 años no alcanza para adherir esa etiqueta a nuestra bandera. Hay que ir renovándolo. Tal como los campeones deben revalidar sus títulos, debemos ir cada día a la luchar para ganarnos uno de nuestros mitos favoritos: “Chile, un país solidario”. Que por ahora clasifica para ser tomado con seriedad sólo cuando le agregamos: “Chile, un país solidario tras las catástrofes que nos sacuden de tanto en tanto”.

Cómputo final de “Chile ayuda a Chile”. Meta doblada + Bachelet y Piñera se abrazan (2:03) + Himno nacional + Bandera chilena sobre el escenario. La exaltación de un Chile unido; por lo menos en lo simbólico.

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