Género vs. Sexo

La función del género y el origen de la discriminación

Caster Semenya, ganadora de los 800 metros damas en el pasado Mundial de Atletismo Berlín 2009. De forma extraoficial, se ha divulgado un diagnóstico de “hermafroditismo” sobre la atleta sudafricana. Ella tendría testículos internos que, al producir tres veces la testosterona de una mujer promedio, le facilitarían un mejor desarrollo físico. Asumiendo esto, ¿Cuál es el género de Semenya? ¿Contra quién debería competir?
La ambigua situación sexual de Semenya parece no ser compatible al espectáculo deportivo.

Masculino y femenino conllevan una serie de expectativas sobre lo que es ‘Ser Hombre’ o ‘Ser Mujer’, las que se empiezan a aplicar desde la elección de nombres apropiados a nuestro género. Las definiciones que cotidianamente utilizamos de hombre y mujer tienen en sí mismas un innegable origen natural –origen, y sólo origen– dada la complementación que ambos desarrollan durante la reproducción sexual, es por ello que la formación y reafirmación de nuestro género ha sido continuamente buscada en todas las épocas. De ahí que las personas naturalicen esta definición y consideren al género como una categoría objetivamente “real”; en este sentido el sexo sería la realidad concreta sobre la que nombramos el género, y entre ellos habría una completa identidad.

Pero el sexo en su aspecto más natural sólo intenta señalar cuál de las dos posiciones de cooperación sexual nos corresponde en nuestra especie, es decir fecundación = hombre y gestación = mujer, posiciones que conllevan un aspecto definido para nuestros genitales, pene = hombre, vagina = mujer. Ahora bien, este puro aspecto reproductivo sexual, de lo que es ser hombre o ser mujer, es mucho más variable de lo que habitualmente se considera. No siempre logrará identificarse hombre con masculino o mujer con femenino.

En la naturaleza lo único que está indicando el sexo, sobre el miembro de una especie, es el papel que le correspondería dentro de su probable capacidad reproductivasólo eso, nada más-. Y esta indicación es mucho más difusa que la definición propuesta desde el género sobre los mismos roles. No existe una identidad entre sexo y género. Si así fuera, podría decirse que quienes no son capaces de reproducirse serían asexuados o carentes de género, aunque seamos capaces de hacer un juicio de género sobre ellos –lo que ya señala esa distancia entre sexo y género que espero hacer notar-. Nuestra sexualidad supera lo puramente reproductivo, y nuestras características sexuales lo puramente genital; aspectos que ya revelan la complejidad que estas clasificaciones pueden alcanzar.

Características físicas. ¿Los hombres, o las mujeres, son acaso todos iguales? No. Pero nosotros somos capaces de identificarnos como tales recurriendo a las características sexuales secundarias. Dentro de las características del hombre podríamos decir que sujetos más musculosos, más velludos, y de voz más grave, serían más masculinos; aunque no todos los hombres sean así, ya que es posible detectar casos de sujetos casi sin vello, escasa musculatura, y voz aguda, que poseen un aspecto bastante femenino. De igual forma, hay mujeres que van desde aquellas que exaltan todas las características consideraras femeninas (busto, caderas, piel suave, etc.) hasta quienes logran verse bastante masculinas. Las apariencias físicas, tanto de hombres como de mujeres, existen dentro de una tipología continua que va desde las apariencias físicas más exaltadas, de acuerdo a nuestras definiciones de género, hasta las más contradictorias.

Personalidad. Podemos encontrar tensiones entre las características sexuales y la identidad de género que cada sujeto desarrolla en su personalidad. Todas nuestras características generan un feedback sobre nuestro género por parte de la comunidad, aunque este pueda no estar alineado con nuestra identidad. Mujeres y hombres –en el sentido cotidiano del término-, aún teniendo una clara gama de características sexuales físicas, pueden desarrollar una personalidad en la que se sientan íntimamente identificados con el género contrario o sentirse atraídos sexualmente hacia miembros de su propio género; lo que contradice su capacidad reproductiva. Esto puede motivarlos a desarrollar desde sutiles modificaciones en su comportamiento hasta las transformaciones más radicales por conseguir un feedback complementario al de su personalidad.

Apariencia. Si bien en cada lugar y en cada momento de nuestra historia se ha contado con una definición sobre lo que es deseable de ver en un hombre y en una mujer, tales orientaciones sobre la apariencia de los sexos están lejos de ser universales. Vestiduras, cabellos, accesorios, etc., muchos de ellos diseñados desde necesidades geográficas y utilizados como símbolo de estatus, muestran también una abrumadora variedad sobre especificaciones de género.

Genitales. La base fundamental de la distinción hombre/mujer parece haber descansado siempre en los órganos genitales con los que nacemos –características sexuales primarias-. Pero esta característica sexual también es campo de cuestionamientos. Una vez más, no todos los órganos sexuales logran un óptimo desempeño de su función sexual llegando algunos a ser incapaces de realizar el coito que permita la reproducción. Podemos hallar deficiencias en características tan fundamentales como la erección o lubricación del órgano sexual. Hasta se pueden encontrar órganos sexuales mixtos, los llamados hermafroditismos o intersexualidad, que se presentan en varios niveles.

Definición y discriminación

En resumen, ya sea desde nuestras características físicas, personalidad, apariencia, o desde nuestros órganos genitales, si nuestras características sexuales naturales, considerando toda su tipología, poseen una continuidad difusa entre caso y caso es entendible que ésta variedad no garantice el total aprovechamiento de nuestro potencial reproductivo. La especificación de género que superponemos a las características de nuestro sexo intenta establecer dos categorías que reemplacen el complicado degradé natural por una distinción mucho más funcional a la reproducción, definiendo con claridad los roles que son vitales para la continuidad de nuestra especie. Insisto en que el género no está inventando la necesidad colaborativa de nuestra reproducción, esta es una condición completamente natural e intrínseca al sexo, la novedad del género consiste en establecer dicha colaboración entre dos grupos claramente distanciados.

No hay una identidad entre los conceptos de sexo y género. El género es justamente una simplificación de la variedad que posee el sexo y apunta a establecer líneas claras de distinción que nos orienten hacia la elección de una sexualidad que permita nuestra reproducción. El género, al reafirmar las características reproductivas que pre-existen en la naturaleza, guía nuestras decisiones sexuales mejorando las probabilidades de reproducción; favoreciendo la continuidad de la especie. El género es sólo una definición temporal, y como toda definición representa una especificación útil de la realidad. Nunca ha sido su objetivo ser un concepto inclusivo de toda realidad sexual existente en nuestra especie, apunta justamente a lo contrario.

La lección final es entender que la naturaleza no viene pre-categorizada. Debemos asumir que en cada clasificación hecha estamos favoreciendo a una parte de la realidad y descartando a otra. Hacer definiciones nos permite actuar con mayor eficacia pero en ellas está también el origen de muchas discriminaciones. El problema surge justamente de esa distancia ficticia que separa a las categorías que utilizamos para facilitar nuestras decisiones. Para los casos que flotan en el espacio intermedio de estas definiciones sólo queda la exclusión. Las personas que tradicionalmente han quedado al margen de la clasificación de género que utilizamos en la distinción hombre/mujer no han podido socializar con la misma normalidad que la mayoría goza. Para quienes están en medio de esa distancia, que nos permite ver con tanta claridad quienes son hombres y quienes son mujeres, nuestras categorías les han significado afrontar constantes conflictos y discriminaciones. Recién hace cuarenta años se han empezado a incorporar, en occidente, definiciones de género que permiten la participación social a un mayor número de realidades de sexuales. En muchas de nuestras definiciones –que funcionan simulando abarcar toda la realidad sin hacerlo-, aunque necesarias y muy útiles, se engendra la discriminación de quienes no calcen en el molde. El desafío es lograr conceptos que manteniendo una eficacia funcional a nuestras necesidades permitan una mayor inclusión –un desafío difícil-.

Links:

(1) Primera persona reconocida oficialmente como de género sexual neutro.

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4 Respuestas a “Género vs. Sexo

  1. Chorri, está interesante la reflexión, pero eché mucho de menos una visión más profunda sobre los roles que el género ha desempeñado y desempeña en el funcionamiento de la sociedad y en la cultura, ya que creo que es ahí donde radica principalmente la diferencia del género con el sexo.
    Esto no significa sólo la manera de vestirse o de mostrarse, sino en roles que han ido variando en las diversas culturas, como la maternidad, el patriarcado, los modelos orientales del yin y el yang, etc.
    Estos roles más que discriminar siempre han sido útiles y han permitido el funcionamiento de distintas sociedades, donde el género ha ordenado diversos roles, formando a las personas desde la crianza, luego en la educación y finalmente en las labores que realizan durante sus vidas.
    Es por esto que la discriminación, más allá de generar conflictos ha permitido discriminar roles que han ordenado diversas culturas y civilizaciones desde los orígenes del ser humano, lo que también se puede observar en algunas protosociedades de animales donde el género juega un rol más allá de la mera reproducción (abejas, hormigas, leones, pingüinos, etc.)

    • El género ha desempeñado muchos e importantes roles en toda sociedad, pero en todos ellos veo que el sexo ha sido previamente asimilado por el género. Sinceramente No Veo donde estaría “la principal diferencia del género con el sexo” dentro de los roles que el género desempeña en la sociedad si justamente dentro de toda la institución social sólo hay “dos sexos”, o lo que es igual, sólo hay género. Preguntarse por la diferencia entre el sexo y el género, como lo he desarrollado aquí, es preguntarse por el origen del género; un origen profundamente ligado a la reproducción sexual.
      Para todos los roles que se han desarrollado desde el género, valiosísimos para el desarrollo de las sociedades, su intensión nunca fue la de excluir a parte de la población. La intensión de estos roles fue la misma que la del género: cuidar de la continuidad de nuestra especie. Permíteme citarte “Es por esto que la discriminación, más allá de generar conflictos ha permitido discriminar roles que han ordenado diversas culturas y civilizaciones…” Eso es el género. Nos ha permitido discriminar la realidad haciendo destacar nuestras cualidades reproductivas. Le debemos mucho más que el orden, prácticamente le debemos la vida. No apunto a él como al culpable del crimen de discriminación sexual, sino que hago ver a la discriminación sexual como una consecuencia de nuestra capacidad de categorizar el mundo, una consecuencia de nuestra capacidad de asegurar nuestra continuidad como especie.
      Sí me gustaría ahora que hemos asegurado ampliamente nuestra continuidad, ahora que hemos desarrollado nuestras sociedades (hasta parecer casi una plaga), que seamos capaces de redefinir al género haciéndolo más amplio… le haría bien a nuestra especie.

  2. Interesante pelao, creo que si bien ha sido necesario para la humanidad categorizar todo o nombrarlo por el sólo hecho de poder describirlo y darle mayor sentido, sin embargo y a propósito del caso Semenya es que se puede pensar justamente en las personas que injustamente son apartadas de la sociedad por no representar lo aceptado para ella. El caso de las personas modificadas geneticamente, los homosexuales, aquellos que dicen tener cuerpo de un sexo y mente de otro etc. El punto es, que hacer con ellos, separarlos? y seguir marginandolos, como tu decias anteriormente no creo que dependa exclusivamente de la vestimenta, zona geografica o capacidad reproductiva. La experiencia me indica que solo una mente abierta permite la ansiada inclusion y no solo en este ambito, eres distinto, bien te acepto pero muestrame cual es tu lado amable que puedes mostrar al mundo. No sirve sentir pena, compasión, curiosidad morbosa u otra opcion sino mas bien captar las cualidades que representa esa persona, lamentablemente en el caso puntual de Semenya creo será su último mundial pues no existe aun categoria en ese sentido. No es le caso de entidades deportivas más organizadas como el caso de la discapacidad en donde, a modo de ejemplo las personas con discapacidad visual se organizan de acuerdo a su grado de discapacidad que va a estar medido con exámenes objetivos y claros, entonces lo que antes los marginaba del circuito deportivo convencional hoy les da una oportunidad de inclusion para desarrollar la misma actividad. A mi parecer el camino va por ahí, en no temer o desconfiar de lo distinto solo adaptarlo a una nueva categoria.

    • También sospecho que será el último mundial de Semenya, a no ser que le propongan algún tipo de “tratamiento” para mantener sus niveles hormonales dentro de parámetros “femeninos”, y sería muy complicado.
      La inclusión pasa por la incorporación de nuevas categorías como opciones válidas, como en los para-olímpicos. Pero aún habrá casos, como en el de Semenya, en que tú y yo nos damos cuenta, que una tercera categoría parece no ser compatible con el deporte competitivo… por lo menos por ahora. Y no creo que pequemos de discriminación, es sólo la consecuencia de categorizar nuestro mundo. Ojalá se siga avanzando en este tipo de temas.

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