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Todo sobre el nivel social.

Por qué el Dinero mueve al Mundo?

Dudar sobre la centralidad que el dinero y, por ende, que el sistema económico tienen en nuestros días sólo puede ser síntoma de ceguera. La frase que dice “el dinero mueve al mundo” luce muy poco como metáfora y bastante como realidad. ¿Qué le permite al dinero ocupar esa posición de privilegio en el orden de nuestros días?
 

LA REORIENTACIÓN DE LOS FINES

El primer deber de cualquier entidad es asegurar las condiciones para su sobrevivencia y reproducción, como no existe entidad que sea completamente autónoma, todas deben saber relacionarse con su entorno para lograrlo –deben desarrollar un ‘equilibrio ecológico’ con su hábitat-. Dado que en nuestra sociedad los recursos necesarios para esa sobrevivencia se encuentran en un entorno dominado por la lógica del mercado, cuyo acceso es regulado por el dinero ¿Qué es lo que todos deben hacer para asegurar su sobrevivencia en este mundo? Por supuesto, obtener dinero.

Es en el mercado donde el sistema económico se posiciona como un ámbito intermediario entre todos los miembros de nuestra sociedad, es gracias al uso generalizado del dinero que cualquier actor puede acceder a cualquier otro por medio del mercado. Lo que sucede es que en el mercado el dinero inunda y monopoliza el espacio de intercambio que existe entre los distintos actores, llegando a ser el principal sino el único regulador sobre el acceso y participación de ese espacio intermediario. “Para todo, tenemos un acceso mediado por el dinero.” Más aún, el mercado regulado por el dinero se ha convertido en nuestro hábitat, ya que en él están todos los recursos que se requieren para nuestra subsistencia material.

Teniendo este diagnóstico ¿Cuál es el correlato de esta situación ambiental para quienes lo viven? ¿Qué es lo que esto implica para el orden interno de cualquiera de los actores –o subsistemas– que viven en este hábitat de mercado?

En una primera instancia, las acciones necesarias para desarrollar las actividades propias –o la finalidad- de estos actores quedarán condicionadas al principio de sobrevivencia –o equilibrio ecológico– que en este caso se expresa mediante la búsqueda de la rentabilidad. Tanto el panadero, el constructor, o el profesor, deberán considerar que los costos de su actividad no sean mayores a su beneficio por la misma; sólo así podrían permanecer en ella por tiempo indefinido. De este modo los actores incorporan dentro de su propia lógica una noción económica de mercado que será el medio fundamental para el desarrollo de sus actividades o fines -el fin de hacer pan, construir casas, y enseñar-; a todas luces una adaptación necesaria para sobrevivir.

Lamentablemente este escenario puede profundizar en sus consecuencias. A estas alturas no es extraño ver que muchos actores simplemente hagan abandono de sus antiguos fines y transformen su orientación económica en la finalidad del lucro. Esto significa que la primera prioridad, la que solía tener la actividad propia del actor o institución –entregar educación, fabricar el mejor producto, o dar el mejor servicio-, fue reorientada hacia la lógica económica de los costos versus beneficios. Reinan ahora –abiertamente– las empresas con fines de lucro, su actividad particular, otrora el fin y razón de ser de cada entidad –o sistema-, ha sido degradada a la un medio capaz generar ganancias; un simple medio de sobrevivencia.

Actualmente, bajo el reinado del sistema –o suprasistema– económico, este tipo de orientaciones no es objeto de ningún cuestionamiento, se adscribe a priori a que el objetivo o finalidad de cualquier actor será el beneficio económico –o el lucro- y que la particularidad de su actividad es sólo el medio para alcanzarla, una orientación secundaria que de ser necesario puede ser modificada.

Obsolescencia Programada, una denuncia sobre hasta que punto se puede modificar la producción cuando el fin es generar ganancias.

La naturaleza expansionista de nuestro sistema económico –hablo del capitalismo, del libre mercado, de la autorregulación de la oferta y la demanda– radica en su capacidad de reorientar los fines de los actores participantes hacía el mismo. Dado que el dinero es el medio universal para el intercambio, toda entidad que pretenda sobrevivir en este entorno dominado por el mercado se ve orientada a establecer como su primera prioridad el logro de la ganancia. La fuerza invasiva del sistema económico se basa en que, al poseer el monopolio sobre el acceso a los recursos, este se ha constituido en nuestro medio ambiente, en un hábitat de subsistemas que, al ver en jaque su propia sobrevivencia, deben pactar reorientando sus fines para estar mejor adaptados al medio.

¿Quién estará preparado para sobrevivir en este hábitat? Sólo aquellos que tengan la capacidad de asegurar su acceso al mercado. Si asumimos que dentro de la lógica del libre mercado pagar el precio más alto es la forma de asegurar ese acceso a los recursos, triunfará quien tenga más dinero –tener “más dinero” se convierte en la máxima que nos permitirá mantener un ‘equilibrio ecológico’ dentro de este ‘hábitat de mercado’-. Es esta relación ecológica la que finalmente genera un fortalecimiento y expansión del sistema económico a la vez que transforma a los diversos actores en subsistemas económicos; hemos cultivado un hábitat capaz de arrasar con modificar nuestros propios fines, de anular nuestros valores.

Para el mercado su único devenir posible es el de intentar incorporar todo a su propia lógica de intercambio, lograr que todo tenga un valor equivalente en dinero, que todo sea transable. Mientras mayor sea la variedad y flujo de recursos disponibles en el mercado mayor será su fortaleza, porque así se asegurará que todos puedan y deban recurrir a él para satisfacer sus necesidades. Para el mercado esto es suficiente, no hay un mundo mejor en la expresión final del libre mercado –ni tendría porque haberlo-, en realidad no hay un final que él deba plantearse, el mercado es la institución de ‘el medio’, intercambio, flujo, no de finales, no de valores. Quien crea que el libre mercado por sí mismo es capaz de llevarnos a “el mejor de los mundos posibles” es estúpido, o increíblemente ingenuo, o se encuentra ubicado en una posición muy ventajosa dentro de nuestro hábitat del mercado.

Intervención del presidente José Mujica (Uruguay) en la cumbre Río+20      “Lo que fue economía de mercado ha creado sociedades de mercado.”

la importancia de un hábitat protegido

Esto no es una metáfora, es nuestra actual situación. La actual crisis de la educación chilena –que fue entregada al mercado– responde a este diagnóstico. Tenemos empresas instituciones de educación superior dedicadas al lucro –lo que está legalmente prohibido– que no están capacitando a los profesionales de calidad que el país necesita para su desarrollo –además de una gran cantidad de estudiantes que se auto conciben como clientes comprando una acreditación redituable en un mejor salario-. Algo similar sucede con nuestro sistema de salud, actualmente es mucho más un servicio que un derecho, o con nuestra matriz energética, entregada en manos de intereses privados y carente de una política gubernamental que regule su crecimiento.

Universidad del Mar, renuncia del rector deja en evidencia cómo opera el lucro en la educación superior (CIPER).

Si queremos resguardar la finalidad de ciertos ámbitos específicos de nuestra sociedad, ámbitos que posean una relevancia nacional ya sea por su carácter estratégico para el desarrollo del país o porque constituyen un derecho de la ciudadanía, debemos brindarles un hábitat que les permita realizarse sin la necesidad de pervertir reorientar sus fines para lograr su sobrevivencia. Para proteger estos ámbitos se requieren de serias regulaciones y un financiamiento garantizado que les evite el riesgo de ser absorbidos como un subsistema económico; debemos ubicarlos en una posición privilegiada y no de dependencia con el mercado.

Esta es la importancia radical de los servicios públicos, esta es la responsabilidad que deben asumir los gobiernos, estar por sobre los intereses del libre mercado. En el momento que el principal interés de un gobierno este centrado en algunas cifras económicas (PIB, Ingreso per cápita, Crecimiento económico) sabremos que su fin ha sido pervertido al de un subsistema económico. La finalidad de un gobierno está en el logro de un bienestar perdurable para la nación, manteniéndose centrado en el cumplimiento de sus fines sociales, garantizando derechos, accesos, y ciudadanía. Eso sí es un fin valórico capaz de llevarnos a un mundo mejor, porque sería fruto de nuestra decisión.

Del Nick al Name

Nuestra identidad virtual

Cuando internet no ofrecía ninguna de las opciones que actualmente utilizamos –hace unos 12 años atrás, cuando para conectarnos debíamos soportar un molesto ruido de tonos mientras sacrificábamos la línea telefónica-, los usuarios navegaban entre páginas que sólo exhibían información y los procesos de registro eran dignos de toda desconfianza. En uno de esos primeros procesos para abrir una cuenta de usuario, durante mi época escolar, le pedí consejo a un compañero más adelantado que yo en estos temas. Él me explicó como se debían llenar esos formularios y al final aclaró con tono de precaución “Y ahí, donde dice ‘nombre’, puedes escribir cualquier cosa… ¡menos tu nombre!”.

Internet solía ser un mundo alejado de nuestra realidad, casi ficticio. En él no se participaba utilizando nuestros nombres, todo lo contrario, era un universo formado por nicknames, o alter egos, que junto con proteger nuestra verdadera identidad nos daban libertad en el nuevo mundo virtual; cuyos mayores logros de interacción eran las páginas de chat y los juegos online.

El tiempo ha pasado, y actualmente observamos como internet lo que hace es ampliar las posibilidades de nuestra realidad. Nuestra experiencia web ya no se desarrolla “allá”, en un mundo casi de fantasía, sino que se entreteje en la cotidianidad con total naturalidad. Si alguna vez se miró con rareza a quienes pasaban sus días conectados a un mundo irreal –y utilizando un nick-, hoy los anormales son aquellos que prefieren mantenerse ajenos a los nuevos márgenes de nuestra realidad. El ermitaño moderno no necesita huir a las montañas, sólo tiene que vivir offline. ¿No tienes facebook? ¿No conoces twitter? ¿Una semana sin acceso a internet no afecta tu trabajo ni tus relaciones sociales? Ahora ese es el raro, aquel que ha rechazado el amplio espacio de práctica social virtual que se realiza en la web. En donde ya nadie piensa en ocultar su identidad sino que la exhibe con nombre, apellido, y una foto en primer plano.

En algún momento de mis primeros meses en facebook me topé con la foto de un amigo cuyo nombre no se correspondía con la persona que yo identificaba. Él se había registrado utilizando un nombre ficticio con una evidente doble lectura –sexual-, que no mencionaré –lo siento-. No pasó mucho tiempo para que entendiera que identificarse con aquel divertido nombre en facebook había sido un error. No sólo tenía dificultades para agregar contactos, ya que no figuraba por su nombre, sino que varios de sus amigos, amigas, y familiares, que ya se habían agregado a sus contactos, lo identificaban y –peor– podían etiquetarlo con ese absurdo nombre. Facebook contó desde sus orígenes con la confianza de usuarios que registraban nombres y reproducían relaciones reales. Ese fue el gran salto hacia la virtualización de nuestras identidades.

Las redes sociales, principalmente facebook, ganan terreno por superar el anticuado anonimato web; por permitirnos seguir siendo nosotros mismos en el mundo virtual de la web. No es sólo que al entrar en facebook nos encontremos con una versión virtual de nuestras experiencias con la que podemos sentirnos identificados, un perfil que acumula comentarios, actualizaciones de estados, fotos, enlaces, e información de nuestro interés, y todo esto construido desde la interacción con todos nuestros contactos de amistad –sean personas, grupos, instituciones, entre otros-. La mejor novedad es que gracias a las aplicaciones de uso libre creadas a partir de estas plataformas sociales nuestra identidad puede acompañarnos en nuestra navegación por toda la web; más allá de facebook.

Existen cada vez más páginas que aprovechando estas nuevas oportunidades nos ofrecen “accede con tu cuenta facebook”, o un “Sign In” para utilizar la opción de comentarios; varias de estas opciones consideran también cuentas de twitter, google, o wordpress, entre otras. Estas aplicaciones que en principio no se diferencian mucho de tecnologías que ya eran casi un estándar en muchas páginas web, ofreciendo la creación de cuentas para participar en la comunidad del sitio, se distancian totalmente de esas opciones anteriores al permitir una autentica apropiación de nuestros actos. No sólo somos usuarios individuales, sino que logramos conservar una identidad histórica y en constante interacción al permanecer vinculados con nuestros propios perfiles y nuestra propia red de contactos. Participación, interacción, y difusión son las facilidades que nos ofrece la web social; tener que crear una cuenta distinta para cada sitio siempre fue una restricción. Hubo, es verdad, algunos intentos por crear cuentas de usuario con uso extendido, los más serios fueron comandados por Microsoft y Google, quienes contaban con la ventaja de poseer una base de usuarios registrados a partir de sus servicios de e-mail. Esas mismas cuentas nos ofrecían “permanecer conectados” para una creciente variedad de servicios dependientes desde la misma compañía, y ahí estaba el primer error. Porque se pretendía obligarnos a ocupar sólo los servicios asociados a una compañía si queríamos mantener nuestra identidad de usuario, ¿y que hacíamos en el resto de la web?, ¿ignorarla? Segundo, si bien avanzábamos en conservar nuestra “individualidad”, nuestra verdadera “identidad” no sería alcanzada hasta incorporar –y aumentar– toda la interacción social con la que nos desenvolvemos cotidianamente. Mérito que, más allá de los mails, es exclusivo de las redes sociales.

De manera semejante a como nuestras acciones compartidas van dando forma a las experiencias de nuestra vida real, plataformas como facebook nos permiten la construcción interactiva de un mundo que suma lo virtual y lo real. Es en esa integración donde está surgiendo el mundo que actualmente vivimos, un mundo más amplio, con mayores posibilidades y conexiones, en el que podemos conservar nuestra identidad. “Virtual y real no son antónimos, ahora son planos que se complementan, ambos conforman nuestro mundo.”

Links:

  1. Facebook y la Internet Paralela.
  2. Bendito sea Twitter.

El delito como Integración

La búsqueda de la Ciudadanía

Al interior de nuestros centros penitenciarios se pueden encontrar casos como estos: Mujer, tercera edad, líder de un clan dedicado al robo y reducción de especies, ganancias sobre los 3 millones de pesos mensuales. Hombre, 40 años, por alojar camiones con droga podía ganar 4 o 5 millones de pesos en un envío. Hombre, 30 años, sicario de una mafia de drogas, su pago superaba los 6 millones de pesos. Si bien no todos los delincuentes pueden llegar a estas cifras, quiero dar una señal clara de lo que realmente puede ofrecer la vía delictual. Mujer, 30 años, robo en tiendas y supermercados –mechera-, en sólo 2 o 3 días de “trabajo” recaudaba alrededor de 300 mil pesos. Es decir, ella podía superar ampliamente nuestro modesto “sueldo mínimo” mensual en menos de una semana de esfuerzo –y ese es un dato muy importante-.

Los internos de nuestras cárceles, nuestros delincuentes, no actúan motivados desde un odio al orden social y sus instituciones. La amplia mayoría de los delitos se cometen, en la práctica, con la intención de conseguir un beneficio económico; lo que buscan es conseguir dinero. Entonces, ¿Por qué el dinero es tan importante?

¿Qué es ‘ser ciudadano’? ¿Cuándo ejercemos nuestra ciudadanía? ¿Qué es lo que hoy en día nos puede hacer considerar que somos ciudadanos?

Para se ciudadano, hoy en día, no basta con haber nacido libre. No basta con la nacionalidad, ni con la utópica igualdad ante la ley, ni con el derecho a voto, o la libertad de culto. Una “ciudadanía real” dejó atrás hace mucho este tipo de definiciones jurídicas. Si queremos reconocernos debemos ser más exigentes con esta definición.

‘Ciudadano’ corresponde a un miembro pleno de la comunidad. Con la garantía de que, en base a su integración, el bienestar de la comunidad se traducirá en su propio bienestar. Ciudadano es un sujeto “pleno de derechos”, los derechos de acceso al bienestar y estima de la comunidad. Es aquel que tiene pleno acceso a los bienes y servicios con los que la comunidad entrega bienestar a sus miembros. Ser ciudadano es poder acceder a una calidad de vida y estatus que posea dignidad a los ojos de los demás miembros.

Actualmente, ¿Cómo llegamos a ser ciudadanos? ¿Cómo accedemos a una calidad de vida digna?… Para acceder a una buena alimentación, vivienda, educación, salud, etc.; y por cierto, para acceder a la justicia –esa frente a la cual se supone que somos iguales, pero en la que tenemos que pagar por un buen abogado-, para todo, tenemos un acceso mediado por: el dinero –amén-.

Existen tan perversas condiciones estructurales en nuestro sistema social que el acceso a condiciones de vida dignas desde una conducta regular es una posibilidad que tiende a cero para algunas personas. El poder adquisitivo está tan desigualmente distribuido entre la población que el acceso a una ciudadanía real –regulada por el dinero– resulta en una prohibición para una población que aunque legalmente en igualdad se sabe innegablemente marginada.

La mayoría de quienes se convierten en “delincuentes” provienen de familias con una situación socioeconómica “baja”, este hecho evidente no es casual. Si se puede ser tan profundamente estúpido simplista como para pensar que la maldad, la flojera, o toda característica alejada de la virtud pertenecen de alguna forma intrínseca a estas personas de “clase baja” –etiqueta que aunque desafortunada sólo refleja nuestra realidad-, y es eso lo que las mantiene en tal condición, entonces ya perdimos la batalla. Por el contrario, debemos ser capaces de observar  que condiciones estructurales a la posición social son las que mantienen a estas personas en una situación socioeconómica de riesgo, y por consecuencia en una situación de riesgo delictual.

Si naces en una situación cercana a la pobreza, o medio de ella, no recibes una buena educación escolar, y tus opciones de completar la educación superior son bajas. Dime ¿En qué trabajarás? ¿Cuánto dinero crees que ganarás? Si entre las “clases altas” 98 de cada cien jóvenes completan la educación superior –y los otros dos gracias al apoyo de su entorno lograran consolidar una posición socioeconómica estable-, entre las clases bajas ese número se reducirá dramáticamente, hasta quedar anulado en las situaciones más extremas. Cuando se nos muestra a un joven exitoso, aquel joven becado que logrado superar todas las adversidades en la vida, bajo el eslogan “¡Se puede!”, lo que no nos muestran es a todos los otros compañeros de escuela y vecinos del joven que siguen perteneciendo al mismo mundo marginado del que sólo uno salió. ¿Se puede? Sí, pero sólo uno entre cien, los otros 99 seguirán esperando; y sí, algunos de esos 99 irán a prisión.

¿Qué harías tú si tus padres trabajan ocho horas por el sueldo mínimo mientras que en la casa de la esquina los tipos que trafican hacen fiestas todos días? Mientras tú y tus hijos viven con menos de lo mínimo. Si por tu humilde y honesto trabajo no recibes mucha “estima social”. Si escuchas pocos “buenos días”, muy pocos “cuando usted guste”, y casi ningún “muchas gracias”. Simultáneamente a tu lado está la oportunidad que al parecer te permitiría cambiar eso: No más humillaciones, no ser mirado en menos, poder darles una vida cómoda a tus hijos, o simplemente “comprarte tus cosas”, andar bien vestido, tener “acceso” a lo que necesitas; acceso a la ciudadanía. Cuando las posibilidades de ser ciudadano por la vía legal están coartadas, las vías irregulares de acceso empiezan a mostrarse con probabilidades mucho más concretas de realizarse; sin importar sus sanciones legales. La delincuencia es una forma de integración social, una vía para alcanzar nuestra moderna ciudadanía.

Ahora, ¿Qué debemos hacer si –realmente– queremos acabar con la delincuencia? Redefinida la ciudadanía y observado como la delincuencia resulta una alternativa mucho más probable para lograr el acceso entre los sectores más marginados de nuestra sociedad, lo que debemos lograr es una extensión de la ciudadanía, una mayor integración social. Que para nadie sea –en la práctica– más probable ser ciudadano por la vía delictual que por la vía “legal”. Si algún día pudiéramos lograr esta meta quizá nuestras cárceles no desaparecerían, pero –más que seguro– nuestra población interna se reduciría dramáticamente.

Los que aún pretendan cruzar curvas de beneficios y costos, reemplazando por “beneficios del delito” y “costos del castigo”, para justificar un aumento de las penas legales como una forma de “aumentar los costos” del delito y así “desincentivar” la delincuencia espero que entiendan la torpeza de el error de este enfoque. Los beneficios de la ciudadanía son absolutos versus los costos de la exclusión social, siendo un marginado no hay futuro posible, es ahí donde surge la posibilidad de arriesgarlo todo con el fin de reintegrarse a la comunidad. El delincuente no es un enemigo de la sociedad, no es un ermitaño que quiera destruir al orden social, el delincuente es un marginado que busca con desesperación una vía de inclusión. No se roba para vivir en las montañas, se roba para poder participar de la dinámica social. El único cálculo económico válido para este análisis se da en comparar las posibles vías de integración, la pregunta es ¿Por cuál vía –me– es más probable lograr la ciudadanía? Mientras los beneficios, en términos de “acceso” –actualmente ‘capacidad de consumo’-, de una conducta delictual puedan ser mayores a los de una conducta dentro de la norma social… ¿Cuál sería la opción que debiera tomar el sujeto elector racional?

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Pd: Con lo escrito, jamás pretendería señalar que las personas de escasos recursos son todas “empujadas” al delito. La amplía mayoría de ellas –sin ser santos– se levantan temprano todos los días para repletar el transporte público y dirigirse a sus trabajos. Lo que realmente denuncio es una estructura social que pone en riesgo y termina por marginar a quienes viven en una situación socio-económica vulnerable. Tampoco afirmo que la falta de acceso a la ciudadanía sea la única causa de la delincuencia, fenómeno de una complejidad profunda, pero según mi juicio en ello hay un veta central para quienes quieran abordar el tema.

Bendito sea Twitter

(*) el poder de estar conectados

Varios son los cambios que han permitido el surgimiento de una nueva etapa en internet conocida como la Web 2.0. Uno de sus rasgos fundamentales es la utilización de redes sociales, y aunque el fenómeno completo incluye varias modalidades, por esta ocasión centraremos la mirada en la última vedette de la comunicación digital: twitter. ¿Qué es twitter? ¿Cuál es su novedad? y por sobre todo ¿Qué puede llegar a provocar?

Twitter: Mensajes de 140 caracteres que los @usuarios comparten en red. Pudiendo cada uno de ellos decidir desde cuales @usuarios quieren recibir información –eso es lo esencial-.

La principal novedad de twitter pasa por 4 aspectos: simpleza, instantaneidad, conectividad, e interactividad; los que al fusionarse dan vida a una herramienta admirable. La absoluta simpleza de la estructura básica de twitter lo hace poseedor de una asombrosa adaptabilidad en sus usos, limitados solamente por la intención de los @usuarios.

Vía twitter se puede no sólo entregar información, contar lo que nos sucede, o expresar una idea. Cada tweet participa de una dinámica social transparente e igualitaria única en su tipo. Fueron los propios @usuarios quienes se encargaron de crear los RT [“retweets” o reenvíos de un tweet], los reconocimientos sobre el origen de la información [“vía @usuario” o HT “heard trough”], el uso de etiquetas [“hashtags” #, que permiten rastrear un #tema], la recomendación de @usuarios [#FF “follow friday”], etc. Otro tanto se hizo desde el lado de los desarrolladores web quienes, a partir de la correctísima política de código abierto, le han agregado valor a la plataforma incorporando aplicaciones de imagen, video, transmisión en vivo [“streaming”], e interactividad con otros sitios. Todo eso y más en 140 caracteres de libertad en red.

Luego tenemos la instantaneidad de twitter, la que hasta el minuto se ha mostrado insuperable y ha permitido a sus @usuarios acuñar la frase “Siempre se sabe antes en twitter”. Y es que twitter funciona a un nivel personal, cualquiera de nosotros que vea, escuche, sepa, o a quien directamente le suceda algo es el origen directo de una ola informativa que se acrecienta con cada tweet; lo que sucede gracias a la concurrencia simultánea de todos los @usuarios. Tal conectividad simultánea está adherida a un potencial de interactividad que naturalmente realizamos. La utopía física de establecer una conexión entre todos los ciudadanos es una realidad posible en el espacio inmaterial de la web. Los tweets, se envían, responden, copian, y comentan, la fuerza de twitter viene dada por el dinamismo social que fluye de @usuario a @usuario.

Tras tooodo esto ¿Qué consecuencias podríamos vislumbrar? Pido su atención: porque estamos hablando de la posibilidad de realizar ciudadanía vía web. De utilizar twitter –y varias otras herramientas nacidas en la web 2.0– para empoderar al ciudadano común.

Cuando se habla de opinión pública se pretende apuntar a los temas e interpretaciones que son de relevancia compartida por todos los miembros de una comunidad o nación. El contenido de la opinión pública emerge en principio desde la interacción pública de todos los miembros; ámbito en que los ciudadanos habían perdido su influencia como colectividad. Al reunirnos en sociedades cada vez más numerosas simplemente perdimos la capacidad de lograr una voz común. Nuestra limitada copresencialidad simplemente no fue capaz de mantenernos unificarnos como actor colectivo ante nuestra propia masividad.

Fueron entonces los medios de comunicación quienes se dieron a la tarea de administrar el flujo de información de relevancia pública a una escala capaz de alcanzar a toda la sociedad. Pero esa función, si alguna vez se logró, era imposible de ser realizada en ambos sentidos. Los medios son capaces de enviar mensajes de alcance masivo, pero incapaces de retroalimentar información con la misma amplitud. Por lo que el poder de decir qué nos importa –de discutir nuestra sociedad– se concentró en las manos de unos pocos. La opinión pública había dejado de ser nuestra… hasta ahora.

Twitter nos da la oportunidad de llegar en ambos sentidos hasta cualquiera de nosotros, nos ofrece la oportunidad de relacionar a todos los ciudadanos sin intermediarios, recuperando a la ciudadanía como una colectividad que discute y coopera. Bajo la dinámica de los tweets nuestra voz suma fuerza frente a la opinión de otros actores sociales. Antes de twitter toda interacción a escala masiva estaba intervenida por los medios de comunicación, medios que están controlados por grupos de interés fundamentalmente comerciales que concentraron la capacidad de influir en la llamada “opinión pública”; en la que nosotros “los humildes ciudadanos” no estábamos en posición de intervenir. Twitter forma parte de la expansión que ha experimentado el espacio público hacia el mundo virtual como un espacio válido para la formación de la opinión pública. Un espacio de horizontalidad dentro del que todos los @usuarios comparten un mismo estatus y en el que mediante una dinámica interactiva se decidirá la relevancia de cada mensaje. Esto es lo fundamental, son los propios @usuarios quienes deciden que es tema en twitter y que no. Dependerá de lo cada @usuario escriba en sus tweets que una palabra o #tema llegue estar entre lo más comentado [TT “top trending”]. Deciden también los @usuarios quién es influyente y quién no, en la twittósfera existen varios @usuarios más “influyentes” que muchas otras importantes instituciones, valor que ha sido ganado principalmente según la cantidad de followers y retweets que se suman en base al mérito diario y que cualquier @usuario que lo haya otorgado está en posición de cancelar con un simple “unfollow”.

Un hito fundamental se marcó cuando los medios de comunicación ya sin poder ignorar el impacto de las redes sociales empezaron a hacer referencia a ellas como parte de nuestro espacio válido de interacción publica. El gran mérito de esto es que la información que circula por este medio es editada directamente por los ciudadanos. Que la sobrina de Ceratti filtró el estado de salud de su tío. Que una hija de Piñera trató de roto a Bielsa tras el incidente en la Moneda. Que Chávez le respondió a un joven chileno que lo encaró vía twitter. Nuestra comunicación virtual empieza a tener efectos muy reales. Y aunque suene paradójico, el espacio virtual [web] es el único escenario real posible para la realización de una sociedad civil global.

Cuando lo virtual era constituido sólo por unos pocos hablábamos casi de un mundo ficticio. Pero cuando lo virtual fue incorporado a la cotidianeidad de la mayoría –o de una proporción relevante de los ciudadanos– como parte de un espacio común al que nos hemos incorporando con identidad, entonces lo virtual pasa a ser otro plano de nuestra realidad. Virtual y real no son antónimos, son planos que se complementan, ambos conforman nuestro mundo. Esto es twitter, la posibilidad de estar todos conectados en una vinculación directa uno a uno, una utopía en lo real pero una realidad en lo virtual; de hecho los espacios virtuales de comunicación son –o llegarán a ser-tan fundamentales para la libertad de los ciudadanos como los –escasos– espacios reales de participación ciudadana. Gracias a la evolución de la web ahora contamos con una poderosa herramienta para expandir la efectividad de nuestras acciones, no nos queda más que premiar a aquellos medios masivos que nos incorporen y reconozcan la validez de nuestra intervención versus quienes quieran mantenerse impermeables a la opinión pública de los @usuarios. Los medios de comunicación masiva en ningún caso han sido expulsados del espacio público, pero sí están llamados a entender que sólo incorporando la retroalimentación que los medios digitales permiten desde la @ciudadanía es posible validar a la opinión pública.

Todo esto es sólo una oportunidad, twitter no realizará nuestra ciudadanía por sí mismo, la responsabilidad es nuestra. La sociedad que avanza hacia una ciudadanía digital crece con los años y será en parte producto de un cambio generacional, el llamado es a sumarse.

#FF @twitter!!

(*) “Bendito sea Twitter” Fue originalmente publicado en la revista digital “Point Magazine” con fecha 26 de Agosto de 2010.

“De los Votos válidamente emitidos…”

(*) Si el voto obligatorio fuera capaz de incorporar las opiniones disidentes estaríamos en presencia de una auténtica Revolución Electoral.

Incorporar la obligatoriedad del voto no es “anti-ciudadano”… por el contrario, creo que sería activar un “deber ciudadano”. Exigir al ciudadano una responsabilidad sobre el destino de nuestra convivencia es la base para exigir lo mismo de quienes nos gobiernan. Quienes ejercen la política deben hacerse cargo de la falta de interés público en ella, deben hacerse cargo del desprestigio y desconfianza que entre la ciudadanía es un lugar común sobre los políticos. Pero hasta ahora los políticos parecieran no estar preocupados, parecieran tener asegurado el acceso a sus cargos, y asegurada la legitimidad de su función. No se conmueven con los ciudadanos disconformes; debe ser que estos sectores críticos no están en posición de cuestionarlos con efectividad, aunque las decisiones políticas puedan afectar gravemente la vida de “todos” los sectores. El ciudadano debe participar de su sociedad mediante el sufragio, pero a cambio debe exigir ser escuchado. Los votantes merecen una política que les permita incorporar su opinión, sea esta una opinión favorable o disidente.

¿Quién evalúa a los políticos? En teoría lo hacemos nosotros, los votantes. En democracia los cargos se legitiman en la votación. Pero si quisieras manifestar tú rechazo a las candidaturas, ¿Qué deberías hacer? Podría ser lógico marcar Nulo o Blanco. Pero la votación seguiría adelante y los cargos electos serían legitimados por quienes votaron adhiriendo a los candidatos. Si quieres manifestar una crítica tomar esta opción representa un fracaso. Luego podrías optar por no inscribirse, quedar excluido del sistema electoral… y muchos dirán con falsa autoridad “Si no estás inscrito, no puedes opinar”. Pero resulta que estamos en presencia de un ciudadano interesado en la política, su único “pecado” está en que su interés se manifiesta con una crítica. Si participa de la “democracia” su crítica se desvanece en legitimidad. Si no participa “no debe opinar”. ¿¡Ser disidente es un delito!? Para quienes están insatisfechos parece no existir una opción que los incorpore dentro del sistema electoral; eso no es muy democrático.

Si el voto fuera obligatorio todos participarían, y eso tiene el gran beneficio de incorporar masivamente los intereses de la ciudadanía, además de garantizar la legitimidad de las elecciones. Pero una vez más ¿Qué haces si los candidatos o sus ideales no merecen tu apoyo?… El voto, que por deber ciudadano vas a emitir, va a legitimar a candidatos que según tu propio juicio no lo merecen. ¿Deberías entonces marcar un voto Nulo o Blanco… los que finalmente no serán considerados dentro de los resultados? ¡Error! Una vez más el ciudadano disidente estaría coartado en su opinión. En medio de las supuestas libertades civiles no está permitido ser disidente.

Personalmente, apoyo la inscripción automática y el voto obligatorio. Pero la política debe ser capaz de afrontar una evaluación ciudadana seria en la que votos blancos y votos nulos fueran incluidos como una forma válida de participación. ¿O es que la política teme ser evaluada negativamente y sólo se conforma con cuidar de su legitimidad? Estoy llamando a un gesto de auténtica grandeza política –la que hace tiempo escasea-, llamo a incorporar a quienes están disconformes. Actualmente el voto blanco, o el voto nulo, son embolsados dentro de una misma categoría con valor electoral cero. Tras cada elección, durante los cómputos, escuchamos “De los votos válidamente emitidos…” así reza la frase que sentencia la invalidez de las opiniones críticas, simplemente no son consideradas. Sería una verdadera revolución democrática que se ofreciera incorporar las opciones disidentes de Voto Blanco y Voto Nulo, considerándolas dentro de “los votos válidamente emitidos” para realizar cualquier cómputo; y merecerían ser considerados como válidos ya que fueron emitidos por ciudadanos válidamente inscritos que cumplieron con el deber de sufragar.

El Voto Blanco se debería considerar un voto válido cuya consecuencia sería sumarse a la primera mayoría simple, el ciudadano ha decidido permitir –simbólicamente– que otros rellenen su voto. Más importante aún, el Voto Nulo se debería considerar un voto válido que desaprueba a los candidatos. Con la consecuencia, si los votos nulos obtuvieran mayoría simple, que los candidatos superados serían rechazados por la ciudadanía; produciéndose una nueva convocatoria para elecciones. Estas opciones son ejemplos rápidos pero el fondo de la propuesta es claro: Todo ciudadano inscrito que asista a sufragar tiene derecho a ser incluido dentro del sistema electoral. Los políticos que trabajen con honestidad y de cara a la ciudadanía no tienen nada que temer, la ciudadanía nunca ha sido amante de la anarquía. Al incluir la capacidad de crítica ciudadana estaríamos ampliando la legitimidad de nuestra democracia ¿Tenemos algo que temer?

A quien corresponda, tómese un minuto antes de decir “Es fácil criticar desde afuera, sin proponer nada…” No se trata de eso. ¿Nunca ha recibido una crítica? ¿Nunca ha sufrido un rechazo? Primero, no quiero una crítica desde afuera, quiero que se permita criticar desde adentro. Segundo, no es criticar sin proponer, es exigir ser escuchados. La ciudadanía está llamada a evaluar y legitimar a sus autoridades. Es labor de quienes ejercen esa autoridad, o de quienes pretendan ejercerlo, estar en contacto con las necesidades y opiniones de sus electores ofreciendo una gestión de calidad. Esto se trata de participación, de que todos puedan colaborar en la construcción de nuestra sociedad, ser crítico no es sinónimo de ser destructivo. Sí es destructivo que no se pueda participar críticamente. Se trata de ser exigentes, es posible! no lo descarte a priori, le haríamos mucho bien a nuestra –alicaída– democracia.

La Cuestión de Fondo*

Llegados a este punto, y por sobre cualquier otra conjetura, lo que debemos plantearnos es lo siguiente ¿Puede el voto de un ciudadano perder su valor por el sólo hecho de manifestar disconformidad?

Sí la respuesta del lector elimina la opción de validar la opinión de otro ciudadano sólo por la crítica que este plantea entonces mi postura y la suya no han logrado establecer una base común y ahí nos hemos dividido. Por el contrario, si el lector ha concordado en que toda opinión, incluso una disidente, merece ser considerada entonces hemos pisado suelo común, hemos establecido un valor democrático de fondo mucho más inclusivo que el actual y podemos avanzar en lo formal. Lo formal es sólo una estructura operativa, completamente necesaria para una ejecución, pero sólo de una relevancia funcional. Lo primordial es concordar en la cuestión de fondo.

La preocupación más habitual en este punto habla obviamente sobre la “ingobernabilidad” que puede significar la posibilidad de rechazar permanentemente a los candidatos, sobre lo fácil que es destruir una propuesta política versus las dificultades de “construirla”. Aunque válidas, estas preocupaciones no van al fondo del asunto y son perfectamente solucionables en lo formal. Sería muy torpe establecer un rechazo permanente a las candidaturas. Sí se puede plantear, por ejemplo: Que tras un primer rechazo los candidatos tengan la oportunidad de reformular sus programas además de permitir la inclusión de nuevos candidatos; periodo del proceso: 3 meses. Si hubiera un segundo rechazo, se llama a una última ronda sin posibilidad de rechazo en donde los candidatos de la primera ronda quedarían excluidos, no así los de segunda ronda más posibles nuevos candidatos; periodo del proceso: 6 meses. Si la propia ciudadanía disconforme no es capaz de levantar una propuesta que convenza a los votantes, durante el periodo de convocatoria habitual más 9 meses extraordinarios, entonces no hay autoridad en ella para impedir que otros asuman la responsabilidad.

Pero más allá de esta solución “jurídica” para afrontar el miedo que genera en algunos la idea de un voto de rechazo lo que debe primar es la conciencia de fortalecer a nuestra democracia. Bajo el actual sistema –no afirmo que esté sucediendo- un candidato podría estar generando un rechazo del 51% en los ciudadanos, pero como muchos de ellos no están yendo a votar –por falta de cultura cívica y desconfianza en la política-, o al marcar blanco/nulo no son considerados, el candidato llega al cargo con una falsa mayoría, completamente deslegitimado, pero asume el cargo. Si uno o varios candidatos fueran merecedores de un rechazo tan masivo a juicio de los ciudadanos ¿¡Sigue siendo sano que puedan asumir un cargo!? …para beneficio del “orden institucional”. Esta situación hipotética Sí es una enfermedad para la democracia, esta situación sí debería asustarnos: la posibilidad de tener gobernantes a pesar del descontento de la mayoría.

“De los votos válidamente emitidos…” Esa frase sentencia la división de la ciudadanía entre quienes votan válidamente, y los otros… que no. ¿Por qué? Si un ciudadano está válidamente inscrito y acude a sufragar, cumple con el trámite, y deposita su voto en la urna. ¿En qué momento la libre elección de este ciudadano se convierte en una elección “inválida”? Para fortalecer nuestra democracia tenemos que construir una institucionalidad que permita la participación de todos, es más que hacer una fila y salir de ahí con un dedo manchado, sólo podremos hablar de inclusión cuando todos nuestros votos tengan un significado válido y con consecuencias claras dentro de los cómputos.

La incorporación de un voto de rechazo a los candidatos No significa un rechazo a la democracia, incorporar la crítica al sistema electoral representaría un gran avance democrático. Busco un acto “grandeza política”, llamo a incorporar dentro del sistema electoral a quienes están en posición de disidencia. Esta meta no es ficción, es absolutamente realizable, pero para lograrlo necesitaremos de políticos comprometidos con la democracia. Aunque tradicionalmente hayamos visto que por lo regular la clase política carece de los huevos de la voluntad política necesaria.

(*) “De los votos válidamente emitidos…” [*Sin el apartado “La Cuestión de Fondo”] Fue originalmente publicado en la plataforma de “El Quinto Poder” con fecha 05 de Junio de 2010.

Género vs. Sexo

La función del género y el origen de la discriminación

Caster Semenya, ganadora de los 800 metros damas en el pasado Mundial de Atletismo Berlín 2009. De forma extraoficial, se ha divulgado un diagnóstico de “hermafroditismo” sobre la atleta sudafricana. Ella tendría testículos internos que, al producir tres veces la testosterona de una mujer promedio, le facilitarían un mejor desarrollo físico. Asumiendo esto, ¿Cuál es el género de Semenya? ¿Contra quién debería competir?
La ambigua situación sexual de Semenya parece no ser compatible al espectáculo deportivo.

Masculino y femenino conllevan una serie de expectativas sobre lo que es ‘Ser Hombre’ o ‘Ser Mujer’, las que se empiezan a aplicar desde la elección de nombres apropiados a nuestro género. Las definiciones que cotidianamente utilizamos de hombre y mujer tienen en sí mismas un innegable origen natural –origen, y sólo origen– dada la complementación que ambos desarrollan durante la reproducción sexual, es por ello que la formación y reafirmación de nuestro género ha sido continuamente buscada en todas las épocas. De ahí que las personas naturalicen esta definición y consideren al género como una categoría objetivamente “real”; en este sentido el sexo sería la realidad concreta sobre la que nombramos el género, y entre ellos habría una completa identidad.

Pero el sexo en su aspecto más natural sólo intenta señalar cuál de las dos posiciones de cooperación sexual nos corresponde en nuestra especie, es decir fecundación = hombre y gestación = mujer, posiciones que conllevan un aspecto definido para nuestros genitales, pene = hombre, vagina = mujer. Ahora bien, este puro aspecto reproductivo sexual, de lo que es ser hombre o ser mujer, es mucho más variable de lo que habitualmente se considera. No siempre logrará identificarse hombre con masculino o mujer con femenino.

En la naturaleza lo único que está indicando el sexo, sobre el miembro de una especie, es el papel que le correspondería dentro de su probable capacidad reproductivasólo eso, nada más-. Y esta indicación es mucho más difusa que la definición propuesta desde el género sobre los mismos roles. No existe una identidad entre sexo y género. Si así fuera, podría decirse que quienes no son capaces de reproducirse serían asexuados o carentes de género, aunque seamos capaces de hacer un juicio de género sobre ellos –lo que ya señala esa distancia entre sexo y género que espero hacer notar-. Nuestra sexualidad supera lo puramente reproductivo, y nuestras características sexuales lo puramente genital; aspectos que ya revelan la complejidad que estas clasificaciones pueden alcanzar.

Características físicas. ¿Los hombres, o las mujeres, son acaso todos iguales? No. Pero nosotros somos capaces de identificarnos como tales recurriendo a las características sexuales secundarias. Dentro de las características del hombre podríamos decir que sujetos más musculosos, más velludos, y de voz más grave, serían más masculinos; aunque no todos los hombres sean así, ya que es posible detectar casos de sujetos casi sin vello, escasa musculatura, y voz aguda, que poseen un aspecto bastante femenino. De igual forma, hay mujeres que van desde aquellas que exaltan todas las características consideraras femeninas (busto, caderas, piel suave, etc.) hasta quienes logran verse bastante masculinas. Las apariencias físicas, tanto de hombres como de mujeres, existen dentro de una tipología continua que va desde las apariencias físicas más exaltadas, de acuerdo a nuestras definiciones de género, hasta las más contradictorias.

Personalidad. Podemos encontrar tensiones entre las características sexuales y la identidad de género que cada sujeto desarrolla en su personalidad. Todas nuestras características generan un feedback sobre nuestro género por parte de la comunidad, aunque este pueda no estar alineado con nuestra identidad. Mujeres y hombres –en el sentido cotidiano del término-, aún teniendo una clara gama de características sexuales físicas, pueden desarrollar una personalidad en la que se sientan íntimamente identificados con el género contrario o sentirse atraídos sexualmente hacia miembros de su propio género; lo que contradice su capacidad reproductiva. Esto puede motivarlos a desarrollar desde sutiles modificaciones en su comportamiento hasta las transformaciones más radicales por conseguir un feedback complementario al de su personalidad.

Apariencia. Si bien en cada lugar y en cada momento de nuestra historia se ha contado con una definición sobre lo que es deseable de ver en un hombre y en una mujer, tales orientaciones sobre la apariencia de los sexos están lejos de ser universales. Vestiduras, cabellos, accesorios, etc., muchos de ellos diseñados desde necesidades geográficas y utilizados como símbolo de estatus, muestran también una abrumadora variedad sobre especificaciones de género.

Genitales. La base fundamental de la distinción hombre/mujer parece haber descansado siempre en los órganos genitales con los que nacemos –características sexuales primarias-. Pero esta característica sexual también es campo de cuestionamientos. Una vez más, no todos los órganos sexuales logran un óptimo desempeño de su función sexual llegando algunos a ser incapaces de realizar el coito que permita la reproducción. Podemos hallar deficiencias en características tan fundamentales como la erección o lubricación del órgano sexual. Hasta se pueden encontrar órganos sexuales mixtos, los llamados hermafroditismos o intersexualidad, que se presentan en varios niveles.

Definición y discriminación

En resumen, ya sea desde nuestras características físicas, personalidad, apariencia, o desde nuestros órganos genitales, si nuestras características sexuales naturales, considerando toda su tipología, poseen una continuidad difusa entre caso y caso es entendible que ésta variedad no garantice el total aprovechamiento de nuestro potencial reproductivo. La especificación de género que superponemos a las características de nuestro sexo intenta establecer dos categorías que reemplacen el complicado degradé natural por una distinción mucho más funcional a la reproducción, definiendo con claridad los roles que son vitales para la continuidad de nuestra especie. Insisto en que el género no está inventando la necesidad colaborativa de nuestra reproducción, esta es una condición completamente natural e intrínseca al sexo, la novedad del género consiste en establecer dicha colaboración entre dos grupos claramente distanciados.

No hay una identidad entre los conceptos de sexo y género. El género es justamente una simplificación de la variedad que posee el sexo y apunta a establecer líneas claras de distinción que nos orienten hacia la elección de una sexualidad que permita nuestra reproducción. El género, al reafirmar las características reproductivas que pre-existen en la naturaleza, guía nuestras decisiones sexuales mejorando las probabilidades de reproducción; favoreciendo la continuidad de la especie. El género es sólo una definición temporal, y como toda definición representa una especificación útil de la realidad. Nunca ha sido su objetivo ser un concepto inclusivo de toda realidad sexual existente en nuestra especie, apunta justamente a lo contrario.

La lección final es entender que la naturaleza no viene pre-categorizada. Debemos asumir que en cada clasificación hecha estamos favoreciendo a una parte de la realidad y descartando a otra. Hacer definiciones nos permite actuar con mayor eficacia pero en ellas está también el origen de muchas discriminaciones. El problema surge justamente de esa distancia ficticia que separa a las categorías que utilizamos para facilitar nuestras decisiones. Para los casos que flotan en el espacio intermedio de estas definiciones sólo queda la exclusión. Las personas que tradicionalmente han quedado al margen de la clasificación de género que utilizamos en la distinción hombre/mujer no han podido socializar con la misma normalidad que la mayoría goza. Para quienes están en medio de esa distancia, que nos permite ver con tanta claridad quienes son hombres y quienes son mujeres, nuestras categorías les han significado afrontar constantes conflictos y discriminaciones. Recién hace cuarenta años se han empezado a incorporar, en occidente, definiciones de género que permiten la participación social a un mayor número de realidades de sexuales. En muchas de nuestras definiciones –que funcionan simulando abarcar toda la realidad sin hacerlo-, aunque necesarias y muy útiles, se engendra la discriminación de quienes no calcen en el molde. El desafío es lograr conceptos que manteniendo una eficacia funcional a nuestras necesidades permitan una mayor inclusión –un desafío difícil-.

Links:

(1) Primera persona reconocida oficialmente como de género sexual neutro.

Camino al mito: “Chile, un país Solidario”

De la Descentralización a la Solidaridad

¿Qué es la solidaridad? O más específico ¿Qué sería la solidaridad vista a un nivel social?

Intento definir: Es la cualidad de que en una comunidad todos sus miembros puedan acceder a todas las “capacidades” y “cualidades” disponibles entre ellos. Y que ese acceso se ejecute  mediante la relación de confianza existente entre los miembros de la comunidad.

Ofrezco un “Círculo Virtuoso” que podría no solo llevarnos a, sino también permitirnos ver con algo de claridad, ese fenómeno que por estos días hace eco en todo el país: la solidaridad. Este camino encadena siete conceptos que de por sí ya tienen un elevado valor, pero que al relacionarse, parecen fortalecerse unos a otros; llegando a relatar el lado positivo de las vivencias surgidas tras la madrugada del pasado 27 de Febrero.

La circularidad que relaciona estos conceptos es sólo una idea gráfica. Como ya mencioné, veo que la relación entre ellos es compleja y tienden a fortalecerse unos con otros. Por lo que no habría un orden necesario en su cumplimiento; quizá sí uno ideal que pudiera guiar su desarrollo en políticas sociales.

(1) Descentralización, distribuye poder y responsabilidad. Es responsabilizar a otros entregando capacidad de decisión. Asumir que si pretendo hacerlo todo ‘yo’ fracasaré, es un acto de humildad, el reconocimiento al límite de mis fuerzas y la entrega a otros de lo que yo no puedo cargar. Es empoderar, compartir el poder, evitar el autoritarismo. Quien decide en terreno no solo se informa sino que también vive las consecuencias de sus decisiones. Quien decide desde el centro puede encontrarse muy lejos de las consecuencias de sus decisiones.
(2) Autosuficiencia, –no confundir con soledad– es ser activo en la propia existencia. Es el que hace, no es el que espera -pidiendo-. No es enfrentar la vida aislado, es no estar atado por la dependencia a otros. Quién en última instancia depende de otros solo puede esperar. Quien ha recibido –o no ha olvidado– la capacidad de decidir es independiente a la vez que en relación con otros. Se debe ser capaz de decidir, de tener acceso a los recursos; y de responsabilizarse por ello.
(3) Participación, es coordinar acciones, hablamos de una colectividad que puede establecer el contacto entre sus miembros. Permite el surgimiento de redes de comunicación, del llamado y búsqueda a los espacios públicos de participación; sin restricciones. Pero esto requiere de una actitud activa, la participación no se da en la impavidez sino que surge de la actividad.
(4) Pertenencia, hace surgir una identidad. Tener un lugar, lugar que me es propio por el rol que desempeño en él, porque yo hago una diferencia al estar ahí; diferencia que se realiza desde mi participación, no desde mi indiferencia –la abstención se provoca justamente por sentir que “mi voto” no hace ninguna diferencia, que mi desempeño no afecta al resultado-.
(5) Comunidad, es compartir una situación de bienestar –o solo de ‘estar’-. Al ser “parte de” se provoca un interés por nuestra situación. Hace surgir un “nosotros” más allá del “yo”. ‘Nosotros’ que solo se puede lograr al adquirir un sentido de pertenencia; ver que otros desempeñan una labor que hace una diferencia en mi vida. Al vernos afectados por lo que le sucede a la comunidad, a cualquiera de sus miembros, entendemos que todo miembro de la comunidad es en sí mismo ‘Comunidad’, ‘Mi/Nuestra Comunidad’, ‘Yo Comunidad’.
(6) Cohesión, es confiar en mi comunidad. Saber que para toda situación cuento con el respaldo de mi comunidad; así como yo la respaldo a ella. Que mi dedicación por otros es la misma que recibo de ellos. Es la tranquilidad de contar con una certeza sobre el actuar de otros; y del mío por otros. No puedo hablar de cohesión sobre mí mismo, sino solo de aislamiento, de marginación. Solo dentro de una comunidad puede darse cohesión –incluso dentro de una comunidad de marginados-.
(7) Solidaridad, es entregar lo que eres y lo que tienes. Significa que el nivel de cohesión permite el ‘acceso’ de todos los miembros de la comunidad a todos los recursos de la comunidad; incluso el acceso a las responsabilidades y la toma de decisiones. Saber que no puedo pretender hacerlo todo yo solo –o desde el centro– es saber que necesito, sin distinción, a todos los demás. Es un ‘convivir’, hacer vida unidos. Es vivir conjugado en nosotros.

Muchas organizaciones se formaron, o redirigieron sus esfuerzos, para enfrentar las consecuencias del terremoto.

Concentrándome en los aspectos más positivos de lo que hemos vivimos en el post terremoto, por unos días –por unos momentos-, es posible que hayamos llegado a ‘hacer vida unidos’ –a ser solidarios-. Vimos, o quizá vivimos, como una amplia mayoría de la población se mantenía informada de lo que sucedía, preocupada, comunicada, de mil formas: radio –a pilas en el inicio-, televisión –si había electricidad-, teléfonos y celulares –cuando lograban conectar-, periódicos, páginas y herramientas web, mensajería instantánea de todo tipo, y las cada vez más difundidas “redes sociales”-en donde Twitter y Facebook concentraron nuestros clicks-.

Pero era más que estar informado, se llegó a asumir, en muchas ocasiones, la responsabilidad de hacer algo frente a la catástrofe, la responsabilidad de ayudar. Se buscaban y difundían las formas de ayudar, a los canales oficiales de ayuda se sumaban instancias paralelas o más desagregadas que colaboraban informalmente en la misma dirección. A los esfuerzos de las autoridades se sumaban esfuerzos institucionales y hasta particulares, todos se movían. Pocos esperaban a que les vinieran a tocar la puerta, muchos iban a tocarlas y les abrían, o hacían un llamado y otros acudían, convocatorias y asistencias fluían en todo medio de comunicación, todas las redes sociales parecían moverse en un mismo sentido, todo el que acudía era bien recibido; y si en algún lugar estaba lleno se buscaba otro, abundaba la oportunidad para quien la buscará. Todos eran necesarios “¡Chile nos necesita!” “¡Vamos chilenos!”.

Nos hicimos sentir “chilenos” por sobre todas las cosas, se elevó el patriotismo. Y empezó la Teletón de emergencia, pero esta vez ella no era el centro de la campaña –como lo suele ser en sus versiones anuales-, era solo un aspecto de la movilización general que se había desatado. Saltaron las frases como “¡Sabemos que vamos a llegar a la meta!” “¡Sabemos que Chile va a responder!” Seguros de lo que somos capaces de hacer unidos por Chile, y de lo que somos capaces los chilenos, “Nos vamos a poner de pie”. Una oportunidad de comprobar quienes somos. Compartimos materialmente, en dinero y múltiples especies que se necesitaban –como dije, además de llevar dinero al banco había que llevar comida a la iglesia y ropa a los colegios, materiales de construcción a los municipios, se necesitaba de todo-, pero también nos movilizamos, muchos estuvieron ahí, muchos fueron a participar como voluntarios –algunos andan de voluntarios aún hoy-. Parece que sí fuimos solidarios. Vivimos la utopía de unos días.

¿Saben con que coincidió con eso? Con que la lógica económica para gran parte de estos aspectos se desvaneció. Ese mundo en que la competencia de los intereses privados de los actores debería llevarnos al mejor escenario común de reveló absurda. Y nos dedicamos mejor a que el interés de todos fuera la necesidad otros, o el bienestar de todos. Justamente los que intentaron lucrar a costa de otros; de todos, de nosotros, de mí; esta vez fueron señalados con asco. Lo que primó, por lo menos en el discurso, fue la necesidad colectiva, la distribución equitativa, y la colaboración desinteresada. No son los sistemas sociales, o las formas de gobierno, los que hacen la justicia en cualquier sociedad, son las personas. Cualquier forma de gobernar no garantiza por sí misma el bienestar de sus ciudadanos. Abusos y miseria se han visto en todos los modelos de sociedad que han visto la luz. Reitero: No es el modelo, Son las personas.

Acepto que esta ha sido una situación que da esperanzas. Si podemos hacerlo, ser solidarios, aunque sea unos días, quizá podamos aprender a extenderlo. Si no supiéramos hacerlo… ya estaríamos casi condenados.

Para decir que somos solidarios –e insisto que esta vez se hizo mucho más que en la Teletón tradicional, en donde yo no alcanzo a ver solidaridad sino un asistencialismo exaltado. Asistencialismo que es el principal responsable de haber creado casi una identidad entre solidaridad y ayuda, o entre solidaridad y caridad, para el ideario chileno. Identidad que nos hace esperar las catástrofes, que nos hace esperar que alguien necesite “ayuda”, y ojalá de forma dramática, para movilizar nuestra adormecida solidaridad– necesitamos que esto no sea un caso tan exageradamente excepcional como en estos días lo ha sido. Ser solidarios por una semana –y contando… en algunos casos– cada 25 años no alcanza para adherir esa etiqueta a nuestra bandera. Hay que ir renovándolo. Tal como los campeones deben revalidar sus títulos, debemos ir cada día a la luchar para ganarnos uno de nuestros mitos favoritos: “Chile, un país solidario”. Que por ahora clasifica para ser tomado con seriedad sólo cuando le agregamos: “Chile, un país solidario tras las catástrofes que nos sacuden de tanto en tanto”.

Cómputo final de “Chile ayuda a Chile”. Meta doblada + Bachelet y Piñera se abrazan (2:03) + Himno nacional + Bandera chilena sobre el escenario. La exaltación de un Chile unido; por lo menos en lo simbólico.