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Todo sobre el nivel social.

¿Quién es más Chileno?

Una reacción a “La pistola al cuello” y “¡Viva Chile, mierda!”.*

¿Quién es más Chileno? El que saquea por aprovechar, porque todos lo hacen. O el que agradece estar vivo y sorprende en medio del peor escenario con frases como “Hay que salir adelante no ma’…”, “Lo importante es que estamos vivos, todo lo material se repone”, “Hay que poner el hombro”, “Gracias a Dios estamos vivos, y están las manos sanitas para seguir trabajando”.

El versus: Arriba, el saqueo. Leche y alimentos en general, pero también lavadoras. Cuando no habían pasado ni 12 horas del terremoto, la señal de aprovechamiento y pánico es preocupante. Abajo, la remoción de escombros, la labor de juntar los ladrillos que quedaron buenos. El Chile que inmediatamente piensa en ponerse de pie otra vez.

Creo observar, hay chilenos que sienten que han avanzado. Pero que sienten que lo han logrado solo por fruto de su propio sacrificio, que nadie les ha regalado algo; nadie los ayudó. Y que ni siquiera se lo han facilitado, han debido soportar a más de alguien que hasta se los dificultó. Ese es el chileno, que en base a la experiencia, enseña a otros con autoridad -muchos de ellos son madres que repiten a sus propios hijos- “Preocúpate de ti no mas, porque nadie se va a preocupar por ti. No te andes preocupando por otros”.

Hay también otros que sienten que no han avanzado -pueden tener razón en eso-. Que ven como otros han avanzado, o como otros permanecen “por encima” de ellos. Y que no ven por donde podrían ellos lograrlo; está atrapado. Ese es el chileno que busca con desesperación el reconocimiento a su persona, principalmente por medio del acceso al consumo que pueda lograr -o sea dinero, la ciudadanía actualmente se realiza en base a la capacidad de consumo de las personas-. O hasta por las vías más absurdas, para quien no se siente integrado cualquier tipo de reconocimiento es valorable. Ese es el chileno, que con emoción, se para delante de cualquier cámara de televisión para sentirse parte del mundo de “los famosos”, de “los importantes”, de los reconocidos. Gozarán, aunque sea solo por un par de días, que todos sus conocidos le menciones que “lo vieron”.

Homo Chilensis tipo Uno: Ese que de inmediato aprovecha la oportunidad o se desespera por ver que otros la provechan y el queda atrás, entonces se suma al movimiento colectivo. Ese que más que trabajar se queja y espera a que algo suceda, el de la vía fácil. Pero que igual cubre su rostro, miedoso de ser individualizado.

En general, todo verdadero chileno se ha topado con ese hombre/mujer humilde que se saca la mugre trabajando todos los días por un sueldo de cuestionable suficiencia casi sin quejarse. Que es honesto, que es buena gente, y que tiene a la familia, a Dios, y la Virgen en una altísima estima. También nos hemos topado con ese hombre/mujer humilde que es caradura, que haciéndose el tonto -el hueón- trata de sacar partido favorable a cualquier situación a sabiendas de la poca honestidad de sus acciones. Ese que busca su beneficio en el corto plazo aunque a la larga sea peor para todos, incluido para él; pero que mientras nadie lo pille… y si lo pillan es capaz de negarlo aunque lo estén viendo. El chileno patotero, que salta cuando todos saltan, y grita cuando todos gritan, porque solito… es como si le faltara autoestima; como que internamente siente vergüenza de sí mismo y de su situación. Renunció al camino ese de “el trabajo honesto para toda la vida” porque así vio a su padre, o por lo menos a su abuelo, nacer y morir “pobre” -claro esas generaciones de antaño no vivieron la ebullición del consumismo y las aspiraciones materiales que hoy se difunden por todas las vías de comunicación posibles-.

También están los hombres/mujeres más acomodados -y con el adjetivo acomodado no me estoy restringiendo solo a millonarios de la talla de Piñera o Farkas- que desde su posición tratan con justicia a sus subordinados o empleados. Esos que ayudan a conseguir trabajo -pega-, que se preocupan por más que solo el cumplimiento de las ordenes y luego del pago el sueldo -sí, de estos también hay… a pequeña y gran escala-. Pero también esta ese que repite con desprecio que esa gente -cuando no este país- no avanza porque son flojos; porque simplemente no quieren trabajar, o no quieren salir adelante -porque no tienen “aspiraciones”-. Nos repiten como rezo su historia de esfuerzo -cuando no la de su padre o abuelo-, de cómo lograron lo que tienen hoy. Y parecido a otros, tienen en altísima estima a su familia, a Dios, y a la Virgen… Amén.

¿Quién es más chileno? ¿Alguien puede certificar con autoridad la chilenidad superior de alguno de estos extremos?

Está casi de sobra decir que la archireiterada “solidaridad de los chilenos” pasa por poco más que un “ideal de asistencialismo”. La que se nos ha impregnado profundamente gracias a -o por culpa de- la Teletón. En donde hacemos una fiesta televisada de 27 horas que nos permite decir -durante los siguientes 363 días y 21 horas -que somos “muy solidarios”. ¿Qué tan solidarios somos, la verdad? Ser “solidarios” una vez al año, o cuando una catástrofe lo solicita, y siempre de manera televisada -sobrepublicitada- ¿Clasifica para hacer de la solidaridad una cualidad profundamente chilena?

Aceptemos en todo caso 2 cosas. Primero, que campañas como la Teletón -la tradicional-, o las teletones de catástrofe, tienen efectos positivos que los beneficiados sí reciben y agradecen con sinceras lagrimas en los ojos. También aceptemos que hay muchos chilenos que teniendo poco, muy poco, invitan con buena frecuencia a algún comensal a tomar once -o realizan favores de significativo valor-, esos por lo menos son generosos. Parecen haber logrado alejar, o haberse mantenido aparte, de las aspiraciones materiales que dominan entre las generaciones más jóvenes.

Homo Chilensis tipo Dos: El que trabaja, el que le da la mano a sus vecinos, los que se juntan en la hoya común a compartir en medio de la calamidad. Ese ejemplo que nos muestran como caso testimonial televisión para motivarnos de ir al banco. El que le da contenido y con sus acciones hace real, o por lo menos más creíble, eso de que el chileno es solidario y capaz de salir adelante.

No obstante, justamente lo que le falta al Chileno -o sea a Chile- es ser Solidario. Le falta cohesión social -permítanme el sociologismo-. Necesita entrar en relación con su comunidad, dejar su aislamiento, sentirse “parte de”, y ser reconocido por eso que llamamos Chile -o sea por los Chilenos-. El chileno debe sentir a su comunidad viva, y ojalá hacerlo más seguido que cuando Chile clasifica al mundial -sentir a tu comunidad viva cada doce años no es suficiente-; es innegable que cualquier logro digno de celebrarse en comunidad fomenta la identificación y puede llegar a ser semilla de solidaridad. No es extraño que un mérito logrado por Chile, por los Chilenos, o aunque sea por un Chileno, nos mueva a fomentar nuestra identificación con eso que llamamos “Chile”. Y luego, por consecuencia, nos acerque a todo aquel que también pueda compartir el honor de celebrar esa alegría como propia. Pero hay que reforzarlo.

Para hablar de ‘Solidaridad’ en Chile necesitamos más; para un Chile cohesionado se necesita una labor mayor. No solo ir en ayuda una vez al año; no solo esperar a recibirla. Se necesita hacer comunidad día a día, compartir cotidianamente -lo que eres y lo que tienes-, y fabricar esa oportunidad; también tu oportunidad -ojalá alguien te ayude a lograrlo, podrías tener un amigo-. Si lo logras, apoya a otros para que sigan tu camino.

Los Chilenos estamos lejos de ser todos iguales, apenas y compartimos algunos rasgos en el ideario colectivo -la mayoría de ellos con claras distinciones de clase-. El chileno es humilde -o más bien apocado-, trabajador -o “aperrado”, quizá un sobreviviente-, agrandado apenas obtiene el mínimo logro -casi bipolar cuando lo pierde-, solidario -yo por lo menos me lo cuestiono, más bien me parece que es de “agrandados” que convertimos una colecta masiva televisada en una virtud nacional-.

Pero esa diversidad que nos impide observarnos con exactitud puede ser fuente de interesantes riquezas, más que una debilidad. Trabajar por hacer que esa diversidad se articule como parte de una comunidad nos puede hacer muy fuertes. Que toda esa diversidad se sienta integrada en lo que llamamos Chile, que cada quién encuentre su lugar como Chileno y vea como deseable, desde su diversidad, el bien común de “todos los chilenos”; que vea en ello el propio bien.

Esta es labor de generaciones. Pero de beneficio tal que merece ampliamente los esfuerzos. Solidaridad para Chile y los Chilenos -siendo exigentes con el término-, técnicamente “Cohesión Social”. Íntimamente creo que si bien la solidaridad no corresponde a una característica universal de todos los chilenos, sí la poseen varios de ellos, y que a partir de ellos se creo un mito que todos se adjudicaron al recibirlo vía satélite en el televisor de su casa; pero el ejemplo, el origen… está… sí está.

Cuando hayamos logrado hacer de la solidaridad un verdadero valor nacional, podremos en verdad sentirnos orgullosos; habremos dejado atrás buena parte de nuestras vergüenzas. Y luego podremos mirar un poco más allá, ¿Por qué no? ¿Por qué no buscar el bien de otros también? En nuestros vecinos, en Sudamérica, en Latinoamérica, en todo el Mundo. ¿Por qué no?… Está bien… empecemos por Chile. De cualquier manera el paso más importante de toda tarea es… ¿es?… Es el primero.

¿Quién es más Chileno? -volvamos a la contingencia del terremoto que parece haber señalado lo mejor y lo peor de lo nuestro- Por ahora… ‘Ambos’ son muy chilenos. Pero más importante aún, es necesario que cuando logremos una verdadera comunidad solidaria -una auténtica cohesión social- ‘Ambos’ lo sigan siendo.“Nadie se va a preocupar de uno” -o “Hay que meterlos a todos presos”- es la ideología de los tontos -es la ideología de los hueones-.

Fuerza Chile! La bandera chilena sostenida en medio del desastre. Una imagen que merece ser la postal de lo vivido.

* Un par de links con más reflexión “post-sísmica”:

(1) “La pistola al cuello” por Fernando Villegas.
(2) “¡Viva Chile, mierda!” por Antonio Caño.
(3) “Terremotos en Chile” por Carlos Franz.
(4) “Reseteo” por Eugenio Tironi.
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Zeitgeist

Concepto y relevancia

Zeitgeist - The Movie

“Zeitgeist” es una palabra de origen alemán que se puede traducir como ‘él espíritu de una época’ –Zeit: época, tiempo, o era y Geist: espíritu-. Fue utilizada para titular un documental que en lo central denuncia el montaje del Septiembre 11 en New York (09/11/01) por parte del gobierno americano –el oficial y el del establishment político-económico que lo sostiene-. Junto con ello delata una larga cadena de acciones similares que se habrían iniciado en 1907, y que sistemáticamente han desarrollado un núcleo de influyentes y acaudaladas familias americanas. El documental, que está muy bien logrado en ritmo, edición, e investigación, impacta al público que esté interesado en el tema –y con esto no me refiero a personas vinculadas a movimientos de política extrema– aunque en el mediano a largo plazo la fuerza de sus acusaciones parece ser absorbida dentro de los espectadores hacia comentarios más decaídos; como un “¿Será posible?”, un “No puede ser”, o un “Es bueno estar bien informado, pero luego uno tiene que saber sacar sus propias conclusiones; y no creer todo lo que se dice” –por cierto, la mejor opción dentro de estas “reacciones decantadas”-.

United Airlines 175. Torre Sur 9:03 am.

¿Por qué sucede esto? ¿Dónde se absorbe la fuerza de estas denuncias? La respuesta –creo– puede estar señalada en el mismo título del documental que me motiva a escribir. Es muy difícil abandonar nuestro ‘Zeitgeist’, o tan solo dudar de él –y mucho más fácil cuestionar o encontrar absurdas las acciones y hechos de otras épocas-. El Zeitgeist –el espíritu de una época– corresponde a un núcleo de valores últimos que dan sentido a los hechos de una época; motivando el desarrollo de las acciones que se correspondan con ese núcleo de valores vigentes.

Primer Ejemplo: Gladiadores romanos combatían hasta la muerte para la diversión del pueblo. (S.III-IaC)

Para quienes tengan conocimientos en Ciencias Sociales, me atrevo a plantear que el concepto de ‘Zeitgeist’ combina algunas de las características que poseen las nociones de ‘Consciencia Colectiva’ y ‘Mundo de la Vida’a las que agrega la novedad de su especificidad espacial-. Lo primero es reconocer su carácter compartido. Como la ‘Consciencia Colectiva’, el Zeitgeist actúa ampliamente sobre los miembros de una comunidad; interactuando simultáneamente con la subjetividad de todos sus actores. Sin estar claramente definido a los ojos de sus contemporáneos el Zeitgeist puede llegar a lograr total identificación con los valores que se alojan en la consciencia individual de los actores; quienes a pesar de actuar motivados, e interpretar o dar sentido de acuerdo a él, difícilmente podrían llegar a nombrarlo. El Zeitgeist no es un atributo personal, aunque se refleje al interior de los individuos, sino que es atributo propio de una época. Como lo hace el ‘Mundo de la Vida’, es un antecedente aproblemático que evoluciona dentro del sistema social y que los hombres usan íntimamente al relacionarse con él. Como un niño que aprende a hablar, así los hombres conocen el Zeitgeist que servirá como guía de sentido primario a las acciones de una época. Este les permitirá desenvolverse con naturalidad en el espacio que habitan, su aceptación incuestionable como el de una naturaleza primaria dará sustento a la realidad; afirmando y motivando nuestras experiencias –lo aproblemático funciona, siempre hay un antecedente aproblemático que permite hacer surgir el mundo. Si toda realidad fuera problemática no podríamos actuar. Toda realidad requiere de un sustento primario aproblemático; tal y como funciona la fe religiosa al sostener un universo de creencias. Los niños, por ejemplo, no cuestionan las palabras que escuchan, solo las repiten, y por eso aprenden a comunicarse-.

Segundo Ejemplo: La Inquisición se dedicó a castigar las herejías en contra de la Iglesia. (S.XII-XVII)

Pero a diferencia del ‘Mundo de la Vida’, el Zeitgeist no es solo un trasfondo que se da por sentado, sino que es además un trasfondo motivador que orienta las posibilidades de acción al delimitar un mundo de posibilidades cargadas de sentido. Nos empuja en una dirección, señala un mundo de lo posible que además tiene valoradas esas posibilidades; es un concepto activo. El concepto de ‘Zeitgeist’ agrega valor a la definición de la realidad social que intenta señalar gracias a la temporalidad que propone por tratarse de un concepto que esta espacialmente situado. Zeitgeist es el espíritu de ‘una’ época, y no de ‘la’ época –en un sentido ontológico– o de ‘las’ épocas –sin ninguna especificidad-; y por lo tanto sitúa a su contenido, al contenido del Zeitgeist al que se haga referencia, tanto histórica como geográficamente. Zeitgeist es un concepto ‘Espacialmente Situado’, y ahí reside –creo yo– su mayor novedad. El contenido del Zeitgeist no es permanente por sí mismo, sino que esta inseparablemente vinculado a su espacio, posee vigencia -es temporal, cambiante, en evolución-. A cada momento y a cada lugar, a cada época, su espíritu la acompaña. El Zeitgeist que nos toca vivir es nuestro hogar histórico, o más bien nuestro hogar espacial –entendiendo espacial, o espacio, como ‘espacio-tiempo’-, son las creencias compartidas que le dan sentido a nuestros días. Lo que no significa –insisto– que sean realidades o verdades absolutas; y tampoco que sean transparentes en sus usos e intensiones frente a los miembros de la comunidad.

Tercer Ejemplo: Trabajo infantil en plena Revolución Industrial. (S.XIX)

De esto resulta que sea muy difícil cuestionar a nuestro propio Zeitgeist. Cuestionarlo es cuestionar la validez de nuestras propias acciones. Es muy difícil apreciar –y más aún luego aceptar– que en el nombre de nuestros valores se estén cometiendo las barbaridades más opuestas a su signo visible. La legitimidad simbólica del Zeitgeist frente a la comunidad que lo vive está en que su contenido visible es públicamente planteado como un bien último, digno de respetarse y absurdo de ser contradicho –de ahí que resulte una óptima justificación de nuestras miserias cuando éstas logran alinearse con las creencias de nuestra época-. Actuar a favor de nuestro Zeitgeist no es solo posible sino que es deseable; es deseable actuar en concordancia con nuestra época.

Cuando cualquiera de nosotros quiera buscar la verdad sobre el lado más infame de nuestra historia, él que sea capaz de soportar aún el peso de la mayoría y cuestionarse lo que otros se prohíben pensar, él que haya sido capaz de ver las miserias de otras épocas y entender que esa gente creía en lo que hacían, que no lo hacían por maldad, sino que por similar convicción a la que se vive en nuestros días. Éste podría voltear y mirar el rostro de su época. Para quien habita su época, y da sentido de acuerdo a su Zeitgeist, durante la interpretación de sus días creerá que de él son parte sólo los valores últimos, positivos y deseables; que de él no es fruto la maldad, lo negativo, y lo indeseable. Normalmente, se interpreta que sobre “las cosas malas” sólo hay dos opciones: o fueron realizadas por desviados, ajenos al Zeitgeist –o sea marginales-, o bien que era necesario, por lo que su maldad inmediata es trascendida hacía un bien último logrando justificación. Entonces volteamos la cara a la miseria de nuestra época y actuamos manteniendo los ojos en nuestro Zeitgeist que sabemos –o creemos– es bueno.

Cuarto Ejemplo: Masacre de Katyn en Polonia. Ejecutada por la Unión Soviética. (1940)

Es necesario estar preparado para observar que los mismos valores que hemos vivido y defendido son los que han dado posibilidad a nuestras mayores vergüenzas. Y que muchas –o todas– nuestras acciones, mientras que alineadas con el Zeitgeist, han favorecido que tanta infamia suceda. Que tenemos una responsabilidad sobre aquello, de lo que por vergüenza, no queremos ser responsables y preferimos no ver. Preferimos –o fingimos– no ver que somos capaces de tanta miseria. Cuando sabemos, históricamente, que sí lo somos.

Quinto Ejemplo: Desplazados por guerras civiles viven el en campamentos de África. (Hoy) // Estos han sido cinco ejemplos históricos, solo cinco, que pretenden señalar el lado más vergonzoso de nuestra historia. Podrían ser muchos más.