Archivo de la etiqueta: concertación

¿Por qué perdió la Concertación? o La Derecha no ha vencido.

Elecciones Presidenciales 2009

¿Cómo explicar lo sucedido en las últimas elecciones presidenciales? ¿Por qué la Concertación pierda mientras Bachelet logra un 84% de aprobación? ¿Qué le permitió ganar a Piñera? Estas preguntas han vuelto a estar de moda –algún libro recién publicado puede tener algo que ver-, queremos entender la última elección presidencial.

Primero reiteremos la poca relación que hay entre la aprobación de Bachelet y la derrota de Frei. No se puede pretender traspasar los niveles de aprobación de Bachelet hacia los votos obtenidos por Frei cuando desde las elecciones presidenciales anteriores “el político con más futuro” siempre fue Piñera –una de las categorías más influyentes que las encuestas hayan inventado-, cuando en todo pronóstico presidencial el ganador siempre fue Piñera –lo que de paso desmotivó a algunos otros posibles candidatos de la Concertación-. La aprobación de Bachelet es tan irrefutable como personal, se basa en su carisma, en la simpatía que provoca en la ciudadanía; eso más el apropiado desempeño de su cargo. Con esto ya se debería tener claro que el problema no era de Bachelet ni de su gestión, el problema era de la Concertación.

Para explicar los resultados de las últimas elecciones propongo considerar cuatro puntos que sí abordan cuales fueron los problemas que la Concertación no supo enfrentar.

La paciencia se acabó. Todos los proyectos políticos tienden a crear mayores expectativas de las que son capaces de cumplir cuando la verdadera meta es simplemente lograr votos. Por eso muchas de las promesas de campaña no pasan de ser slogans que la gente necesita escuchar: “mejor educación”, “mejor salud”, “más trabajo”, “menos delincuencia”, etc –lo llaman populismo-. Y todo eso funciona por algún tiempo, hasta que surge el siguiente argumento desde el bando contrario: “¿Por qué no han cumplido con esas promesas durante los últimos 15 años? Nosotros les prometemos más trabajo, menos delincuencia, mejor salud, etc. Nosotros sí somos capaces de solucionarlo”. Luego, cuando el argumento se repite tras 20 años… 20 años es mucho tiempo, y satisfacer plenamente a todos casi una utopía, a los votantes se les acaba la paciencia y salvo que tengan un compromiso ideológico mayor terminan por cambiar de preferencia.

El poder corrompe. Si este dicho popular es cierto –y yo creo que lo es-, después de gobernar por veinte años es inevitable que comiencen a darse las malas prácticas. Esta huella de corrupción es una conducta muy humana y sucedería bajo el techo de cualquier tendencia política. Donde se pueda sacar provecho, aunque sea a costa de otros, las conciencias ceden y/o los miserables concurren. Sin importar el noble inicio de una tarea si pasan veinte años más de algún vulgar ladrón estará infiltrado. Pero peores son los que no están infiltrados; me refiero a los que están encariñados con el  cargo. Esos quienes en vez de buscar la evolución de los ideales políticos prefieren hacer de los logros pasados la justificación del orden presente y la necesidad de su conservación para el futuro. Prefieren amararse a la silla y aguantar la respiración mientras todo se hunde antes que otros pasen a ocupar lo que sienten propio. Bajo estos corruptos comportamientos la Concertación empezó a derrumbarse.

Crisis de identidad. “Concertación de Partidos por la Democracia”… hace veinte años esto era un lema de lucha, pero tras veinte años de democracia ya no puede ser lo mismo. El carisma de esa lucha por la democracia está “desgastado” –adjetivo más que generoso-. Las generaciones marcadas por el ’73 parecen no querer asumir el paso del tiempo cuando en sus opiniones de hoy se siguen remontando al golpe de estado y a los años de Pinochet para la interpretación de nuestro presente político. Olvidan mirar en el calendario, olvidan ver el rostro de sus hijos. ¡Ya ha crecido una generación completa de ciudadanos que sólo han vivido en democracia! Los nacidos en 1990 hoy tienen 20 años y pueden votar. Asumir que ese eje de interpretación política ha perdido vigencia, o que ya carece de sentido para muchos ciudadanos del 2010, resulta a lo menos “complicado” para quienes lo vivieron o lo heredaron. Si la misión de la Concertación fue –o ¿es?– la lucha por la democracia, tras veinte años de democracia… deberían pensar en reformularse. Si no habría que darles las gracias por haberla “recuperado” y pedirles bajar el telón.

Desconfianza en la política. Los ciudadanos sentencian “¿Para qué me voy a meter en política?” …y yo no los culpo. Durante 18 años la política fue una actividad “muy restringida” en Chile. Después se supone que recuperamos la democracia, pero nuestra política está lejos de ser democrática. Hace tiempo que la gente desconfía de la actividad política sin que nuestros políticos se den por aludidos –y es que no les conviene-. La alta política es casi un club social, una arista de la clase dominante en donde se toman decisiones y se reparten cargos sin mayores cuestionamientos a la manera de hacer política. Para quienes miran este circo desde afuera sólo queda la impotencia. Si quienes han gobernado al “Chile en democracia” no asumieron este diagnóstico su partida era muy esperable.

La Derecha no ha Vencido

La “Alianza” está en el poder. ¿Por qué? Tal vez sea que la ex-oposición fue capaz de levantar un proyecto político que incluyera las necesidades que desde la concertación no se incorporaron… yo creo que no. La derecha no venció en las elecciones porque ella sea un bastión de honestidad y búsqueda del bien común; el propio presidente ha tenido que dar explicaciones por cuestionamientos de corte ético –como el uso de información privilegiada e incompatibilidad de intereses, entre otras-. La derecha no logró el gobierno por tener una auténtica vocación de futuro, más bien usa esa etiqueta para desmarcarse de ciertas “herencias” sobre nuestro pasado; desmarcaje que por cierto sí los hace más actuales. Pero, ¿Cuál es la novedad de la derecha? Promesas de crecimiento, “mano dura” con la delincuencia, “excelencia” en el servicio público, y cosas de ese estilo. Nada que represente una reflexión sobre posibles cambios profundos. Con toda certeza la Alianza es parte sólida de nuestra política tradicional. Pero en nuestro sistema político binominal son la única alternativa posible para los votantes que tras veinte años ya esperaron suficiente. La derecha ganó principalmente por el debilitamiento enemigo. Ganó porque no existen otras opciones políticas con el peso suficiente.

En las últimas elecciones presidenciales sorprendió que la candidatura de Marco Enríquez-Ominami llegara al 20% de las preferencias. ¿Cómo lo obtuvo? Por la simpatía de muchos concertacionistas desilusionados, como se supone que él lo era, pero también obtuvo apoyo desde la “centro-derecha”. En ese 20% había mucha gente disgustada con el sistema político en general, y había mucha gente joven. ME-O supo explotarlo, aunque la inercia de votar por los grandes conglomerados políticos todavía fue más fuerte. Hay una ciudadanía molesta con la política tradicional, que no vio futuro en ninguna de las dos tendencias que ejercen la puja real por la presidencia en Chile; tampoco lo vieron en la Izquierda, que aunque comprometida es ideológicamente la más anticuada.

La derecha no ha vencido. No es que ellos sean vistos como la gran solución a los males de la concertación. Probablemente si se encuestara sobre la gestión de la concertación estos 20 años la mayoría de la población aprobaría esa gestión aunque no votaron por su candidato. El gran diagnóstico de estas votaciones no es solamente el agotamiento de la Concertación, esta ha sido una señal que diagnostica el agotamiento de toda la política chilena. Piñera ganó más por la falta de opciones consolidadas que por la fortaleza de su conglomerado –o por la “solidez” de su programa de gobierno-. La actual gestión tendrá que hacer más que un buen gobierno si pretende permanecer a cargo. Para la derecha corren las mismas críticas que se hacen para la concertación, si no son capaces de asumir el diagnóstico y reformular sus formas de actuar, también deberán cerrar por fuera.

Anuncios