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Por qué el Dinero mueve al Mundo?

Dudar sobre la centralidad que el dinero y, por ende, que el sistema económico tienen en nuestros días sólo puede ser síntoma de ceguera. La frase que dice “el dinero mueve al mundo” luce muy poco como metáfora y bastante como realidad. ¿Qué le permite al dinero ocupar esa posición de privilegio en el orden de nuestros días?
 

LA REORIENTACIÓN DE LOS FINES

El primer deber de cualquier entidad es asegurar las condiciones para su sobrevivencia y reproducción, como no existe entidad que sea completamente autónoma, todas deben saber relacionarse con su entorno para lograrlo –deben desarrollar un ‘equilibrio ecológico’ con su hábitat-. Dado que en nuestra sociedad los recursos necesarios para esa sobrevivencia se encuentran en un entorno dominado por la lógica del mercado, cuyo acceso es regulado por el dinero ¿Qué es lo que todos deben hacer para asegurar su sobrevivencia en este mundo? Por supuesto, obtener dinero.

Es en el mercado donde el sistema económico se posiciona como un ámbito intermediario entre todos los miembros de nuestra sociedad, es gracias al uso generalizado del dinero que cualquier actor puede acceder a cualquier otro por medio del mercado. Lo que sucede es que en el mercado el dinero inunda y monopoliza el espacio de intercambio que existe entre los distintos actores, llegando a ser el principal sino el único regulador sobre el acceso y participación de ese espacio intermediario. “Para todo, tenemos un acceso mediado por el dinero.” Más aún, el mercado regulado por el dinero se ha convertido en nuestro hábitat, ya que en él están todos los recursos que se requieren para nuestra subsistencia material.

Teniendo este diagnóstico ¿Cuál es el correlato de esta situación ambiental para quienes lo viven? ¿Qué es lo que esto implica para el orden interno de cualquiera de los actores –o subsistemas– que viven en este hábitat de mercado?

En una primera instancia, las acciones necesarias para desarrollar las actividades propias –o la finalidad- de estos actores quedarán condicionadas al principio de sobrevivencia –o equilibrio ecológico– que en este caso se expresa mediante la búsqueda de la rentabilidad. Tanto el panadero, el constructor, o el profesor, deberán considerar que los costos de su actividad no sean mayores a su beneficio por la misma; sólo así podrían permanecer en ella por tiempo indefinido. De este modo los actores incorporan dentro de su propia lógica una noción económica de mercado que será el medio fundamental para el desarrollo de sus actividades o fines -el fin de hacer pan, construir casas, y enseñar-; a todas luces una adaptación necesaria para sobrevivir.

Lamentablemente este escenario puede profundizar en sus consecuencias. A estas alturas no es extraño ver que muchos actores simplemente hagan abandono de sus antiguos fines y transformen su orientación económica en la finalidad del lucro. Esto significa que la primera prioridad, la que solía tener la actividad propia del actor o institución –entregar educación, fabricar el mejor producto, o dar el mejor servicio-, fue reorientada hacia la lógica económica de los costos versus beneficios. Reinan ahora –abiertamente– las empresas con fines de lucro, su actividad particular, otrora el fin y razón de ser de cada entidad –o sistema-, ha sido degradada a la un medio capaz generar ganancias; un simple medio de sobrevivencia.

Actualmente, bajo el reinado del sistema –o suprasistema– económico, este tipo de orientaciones no es objeto de ningún cuestionamiento, se adscribe a priori a que el objetivo o finalidad de cualquier actor será el beneficio económico –o el lucro- y que la particularidad de su actividad es sólo el medio para alcanzarla, una orientación secundaria que de ser necesario puede ser modificada.

Obsolescencia Programada, una denuncia sobre hasta que punto se puede modificar la producción cuando el fin es generar ganancias.

La naturaleza expansionista de nuestro sistema económico –hablo del capitalismo, del libre mercado, de la autorregulación de la oferta y la demanda– radica en su capacidad de reorientar los fines de los actores participantes hacía el mismo. Dado que el dinero es el medio universal para el intercambio, toda entidad que pretenda sobrevivir en este entorno dominado por el mercado se ve orientada a establecer como su primera prioridad el logro de la ganancia. La fuerza invasiva del sistema económico se basa en que, al poseer el monopolio sobre el acceso a los recursos, este se ha constituido en nuestro medio ambiente, en un hábitat de subsistemas que, al ver en jaque su propia sobrevivencia, deben pactar reorientando sus fines para estar mejor adaptados al medio.

¿Quién estará preparado para sobrevivir en este hábitat? Sólo aquellos que tengan la capacidad de asegurar su acceso al mercado. Si asumimos que dentro de la lógica del libre mercado pagar el precio más alto es la forma de asegurar ese acceso a los recursos, triunfará quien tenga más dinero –tener “más dinero” se convierte en la máxima que nos permitirá mantener un ‘equilibrio ecológico’ dentro de este ‘hábitat de mercado’-. Es esta relación ecológica la que finalmente genera un fortalecimiento y expansión del sistema económico a la vez que transforma a los diversos actores en subsistemas económicos; hemos cultivado un hábitat capaz de arrasar con modificar nuestros propios fines, de anular nuestros valores.

Para el mercado su único devenir posible es el de intentar incorporar todo a su propia lógica de intercambio, lograr que todo tenga un valor equivalente en dinero, que todo sea transable. Mientras mayor sea la variedad y flujo de recursos disponibles en el mercado mayor será su fortaleza, porque así se asegurará que todos puedan y deban recurrir a él para satisfacer sus necesidades. Para el mercado esto es suficiente, no hay un mundo mejor en la expresión final del libre mercado –ni tendría porque haberlo-, en realidad no hay un final que él deba plantearse, el mercado es la institución de ‘el medio’, intercambio, flujo, no de finales, no de valores. Quien crea que el libre mercado por sí mismo es capaz de llevarnos a “el mejor de los mundos posibles” es estúpido, o increíblemente ingenuo, o se encuentra ubicado en una posición muy ventajosa dentro de nuestro hábitat del mercado.

Intervención del presidente José Mujica (Uruguay) en la cumbre Río+20      “Lo que fue economía de mercado ha creado sociedades de mercado.”

la importancia de un hábitat protegido

Esto no es una metáfora, es nuestra actual situación. La actual crisis de la educación chilena –que fue entregada al mercado– responde a este diagnóstico. Tenemos empresas instituciones de educación superior dedicadas al lucro –lo que está legalmente prohibido– que no están capacitando a los profesionales de calidad que el país necesita para su desarrollo –además de una gran cantidad de estudiantes que se auto conciben como clientes comprando una acreditación redituable en un mejor salario-. Algo similar sucede con nuestro sistema de salud, actualmente es mucho más un servicio que un derecho, o con nuestra matriz energética, entregada en manos de intereses privados y carente de una política gubernamental que regule su crecimiento.

Universidad del Mar, renuncia del rector deja en evidencia cómo opera el lucro en la educación superior (CIPER).

Si queremos resguardar la finalidad de ciertos ámbitos específicos de nuestra sociedad, ámbitos que posean una relevancia nacional ya sea por su carácter estratégico para el desarrollo del país o porque constituyen un derecho de la ciudadanía, debemos brindarles un hábitat que les permita realizarse sin la necesidad de pervertir reorientar sus fines para lograr su sobrevivencia. Para proteger estos ámbitos se requieren de serias regulaciones y un financiamiento garantizado que les evite el riesgo de ser absorbidos como un subsistema económico; debemos ubicarlos en una posición privilegiada y no de dependencia con el mercado.

Esta es la importancia radical de los servicios públicos, esta es la responsabilidad que deben asumir los gobiernos, estar por sobre los intereses del libre mercado. En el momento que el principal interés de un gobierno este centrado en algunas cifras económicas (PIB, Ingreso per cápita, Crecimiento económico) sabremos que su fin ha sido pervertido al de un subsistema económico. La finalidad de un gobierno está en el logro de un bienestar perdurable para la nación, manteniéndose centrado en el cumplimiento de sus fines sociales, garantizando derechos, accesos, y ciudadanía. Eso sí es un fin valórico capaz de llevarnos a un mundo mejor, porque sería fruto de nuestra decisión.

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