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“De los Votos válidamente emitidos…”

(*) Si el voto obligatorio fuera capaz de incorporar las opiniones disidentes estaríamos en presencia de una auténtica Revolución Electoral.

Incorporar la obligatoriedad del voto no es “anti-ciudadano”… por el contrario, creo que sería activar un “deber ciudadano”. Exigir al ciudadano una responsabilidad sobre el destino de nuestra convivencia es la base para exigir lo mismo de quienes nos gobiernan. Quienes ejercen la política deben hacerse cargo de la falta de interés público en ella, deben hacerse cargo del desprestigio y desconfianza que entre la ciudadanía es un lugar común sobre los políticos. Pero hasta ahora los políticos parecieran no estar preocupados, parecieran tener asegurado el acceso a sus cargos, y asegurada la legitimidad de su función. No se conmueven con los ciudadanos disconformes; debe ser que estos sectores críticos no están en posición de cuestionarlos con efectividad, aunque las decisiones políticas puedan afectar gravemente la vida de “todos” los sectores. El ciudadano debe participar de su sociedad mediante el sufragio, pero a cambio debe exigir ser escuchado. Los votantes merecen una política que les permita incorporar su opinión, sea esta una opinión favorable o disidente.

¿Quién evalúa a los políticos? En teoría lo hacemos nosotros, los votantes. En democracia los cargos se legitiman en la votación. Pero si quisieras manifestar tú rechazo a las candidaturas, ¿Qué deberías hacer? Podría ser lógico marcar Nulo o Blanco. Pero la votación seguiría adelante y los cargos electos serían legitimados por quienes votaron adhiriendo a los candidatos. Si quieres manifestar una crítica tomar esta opción representa un fracaso. Luego podrías optar por no inscribirse, quedar excluido del sistema electoral… y muchos dirán con falsa autoridad “Si no estás inscrito, no puedes opinar”. Pero resulta que estamos en presencia de un ciudadano interesado en la política, su único “pecado” está en que su interés se manifiesta con una crítica. Si participa de la “democracia” su crítica se desvanece en legitimidad. Si no participa “no debe opinar”. ¿¡Ser disidente es un delito!? Para quienes están insatisfechos parece no existir una opción que los incorpore dentro del sistema electoral; eso no es muy democrático.

Si el voto fuera obligatorio todos participarían, y eso tiene el gran beneficio de incorporar masivamente los intereses de la ciudadanía, además de garantizar la legitimidad de las elecciones. Pero una vez más ¿Qué haces si los candidatos o sus ideales no merecen tu apoyo?… El voto, que por deber ciudadano vas a emitir, va a legitimar a candidatos que según tu propio juicio no lo merecen. ¿Deberías entonces marcar un voto Nulo o Blanco… los que finalmente no serán considerados dentro de los resultados? ¡Error! Una vez más el ciudadano disidente estaría coartado en su opinión. En medio de las supuestas libertades civiles no está permitido ser disidente.

Personalmente, apoyo la inscripción automática y el voto obligatorio. Pero la política debe ser capaz de afrontar una evaluación ciudadana seria en la que votos blancos y votos nulos fueran incluidos como una forma válida de participación. ¿O es que la política teme ser evaluada negativamente y sólo se conforma con cuidar de su legitimidad? Estoy llamando a un gesto de auténtica grandeza política –la que hace tiempo escasea-, llamo a incorporar a quienes están disconformes. Actualmente el voto blanco, o el voto nulo, son embolsados dentro de una misma categoría con valor electoral cero. Tras cada elección, durante los cómputos, escuchamos “De los votos válidamente emitidos…” así reza la frase que sentencia la invalidez de las opiniones críticas, simplemente no son consideradas. Sería una verdadera revolución democrática que se ofreciera incorporar las opciones disidentes de Voto Blanco y Voto Nulo, considerándolas dentro de “los votos válidamente emitidos” para realizar cualquier cómputo; y merecerían ser considerados como válidos ya que fueron emitidos por ciudadanos válidamente inscritos que cumplieron con el deber de sufragar.

El Voto Blanco se debería considerar un voto válido cuya consecuencia sería sumarse a la primera mayoría simple, el ciudadano ha decidido permitir –simbólicamente– que otros rellenen su voto. Más importante aún, el Voto Nulo se debería considerar un voto válido que desaprueba a los candidatos. Con la consecuencia, si los votos nulos obtuvieran mayoría simple, que los candidatos superados serían rechazados por la ciudadanía; produciéndose una nueva convocatoria para elecciones. Estas opciones son ejemplos rápidos pero el fondo de la propuesta es claro: Todo ciudadano inscrito que asista a sufragar tiene derecho a ser incluido dentro del sistema electoral. Los políticos que trabajen con honestidad y de cara a la ciudadanía no tienen nada que temer, la ciudadanía nunca ha sido amante de la anarquía. Al incluir la capacidad de crítica ciudadana estaríamos ampliando la legitimidad de nuestra democracia ¿Tenemos algo que temer?

A quien corresponda, tómese un minuto antes de decir “Es fácil criticar desde afuera, sin proponer nada…” No se trata de eso. ¿Nunca ha recibido una crítica? ¿Nunca ha sufrido un rechazo? Primero, no quiero una crítica desde afuera, quiero que se permita criticar desde adentro. Segundo, no es criticar sin proponer, es exigir ser escuchados. La ciudadanía está llamada a evaluar y legitimar a sus autoridades. Es labor de quienes ejercen esa autoridad, o de quienes pretendan ejercerlo, estar en contacto con las necesidades y opiniones de sus electores ofreciendo una gestión de calidad. Esto se trata de participación, de que todos puedan colaborar en la construcción de nuestra sociedad, ser crítico no es sinónimo de ser destructivo. Sí es destructivo que no se pueda participar críticamente. Se trata de ser exigentes, es posible! no lo descarte a priori, le haríamos mucho bien a nuestra –alicaída– democracia.

La Cuestión de Fondo*

Llegados a este punto, y por sobre cualquier otra conjetura, lo que debemos plantearnos es lo siguiente ¿Puede el voto de un ciudadano perder su valor por el sólo hecho de manifestar disconformidad?

Sí la respuesta del lector elimina la opción de validar la opinión de otro ciudadano sólo por la crítica que este plantea entonces mi postura y la suya no han logrado establecer una base común y ahí nos hemos dividido. Por el contrario, si el lector ha concordado en que toda opinión, incluso una disidente, merece ser considerada entonces hemos pisado suelo común, hemos establecido un valor democrático de fondo mucho más inclusivo que el actual y podemos avanzar en lo formal. Lo formal es sólo una estructura operativa, completamente necesaria para una ejecución, pero sólo de una relevancia funcional. Lo primordial es concordar en la cuestión de fondo.

La preocupación más habitual en este punto habla obviamente sobre la “ingobernabilidad” que puede significar la posibilidad de rechazar permanentemente a los candidatos, sobre lo fácil que es destruir una propuesta política versus las dificultades de “construirla”. Aunque válidas, estas preocupaciones no van al fondo del asunto y son perfectamente solucionables en lo formal. Sería muy torpe establecer un rechazo permanente a las candidaturas. Sí se puede plantear, por ejemplo: Que tras un primer rechazo los candidatos tengan la oportunidad de reformular sus programas además de permitir la inclusión de nuevos candidatos; periodo del proceso: 3 meses. Si hubiera un segundo rechazo, se llama a una última ronda sin posibilidad de rechazo en donde los candidatos de la primera ronda quedarían excluidos, no así los de segunda ronda más posibles nuevos candidatos; periodo del proceso: 6 meses. Si la propia ciudadanía disconforme no es capaz de levantar una propuesta que convenza a los votantes, durante el periodo de convocatoria habitual más 9 meses extraordinarios, entonces no hay autoridad en ella para impedir que otros asuman la responsabilidad.

Pero más allá de esta solución “jurídica” para afrontar el miedo que genera en algunos la idea de un voto de rechazo lo que debe primar es la conciencia de fortalecer a nuestra democracia. Bajo el actual sistema –no afirmo que esté sucediendo- un candidato podría estar generando un rechazo del 51% en los ciudadanos, pero como muchos de ellos no están yendo a votar –por falta de cultura cívica y desconfianza en la política-, o al marcar blanco/nulo no son considerados, el candidato llega al cargo con una falsa mayoría, completamente deslegitimado, pero asume el cargo. Si uno o varios candidatos fueran merecedores de un rechazo tan masivo a juicio de los ciudadanos ¿¡Sigue siendo sano que puedan asumir un cargo!? …para beneficio del “orden institucional”. Esta situación hipotética Sí es una enfermedad para la democracia, esta situación sí debería asustarnos: la posibilidad de tener gobernantes a pesar del descontento de la mayoría.

“De los votos válidamente emitidos…” Esa frase sentencia la división de la ciudadanía entre quienes votan válidamente, y los otros… que no. ¿Por qué? Si un ciudadano está válidamente inscrito y acude a sufragar, cumple con el trámite, y deposita su voto en la urna. ¿En qué momento la libre elección de este ciudadano se convierte en una elección “inválida”? Para fortalecer nuestra democracia tenemos que construir una institucionalidad que permita la participación de todos, es más que hacer una fila y salir de ahí con un dedo manchado, sólo podremos hablar de inclusión cuando todos nuestros votos tengan un significado válido y con consecuencias claras dentro de los cómputos.

La incorporación de un voto de rechazo a los candidatos No significa un rechazo a la democracia, incorporar la crítica al sistema electoral representaría un gran avance democrático. Busco un acto “grandeza política”, llamo a incorporar dentro del sistema electoral a quienes están en posición de disidencia. Esta meta no es ficción, es absolutamente realizable, pero para lograrlo necesitaremos de políticos comprometidos con la democracia. Aunque tradicionalmente hayamos visto que por lo regular la clase política carece de los huevos de la voluntad política necesaria.

(*) “De los votos válidamente emitidos…” [*Sin el apartado “La Cuestión de Fondo”] Fue originalmente publicado en la plataforma de “El Quinto Poder” con fecha 05 de Junio de 2010.